🕒 0:14
Katherine Alexandra Pacheco Machuca (100%)
Muchas gracias, señor presidente. Buenas tardes, compañeros legisladores, medios de comunicación y ciudadanos que nos escuchan desde los distintos medios. Hoy estamos aquí para debatir sobre la vida, la tranquilidad y el futuro de millones ecuatorianos. Y como todos sabemos, durante años nuestro sistema financiero ha cargado con vacíos que, a la final, terminan pagando los mismos de siempre. El pequeño productor, la madre soltera, el comerciante que trabaja de sol a sol. Pero cuando una cooperativa o un banco entra en la liquidación forzosa, compañeros, ¿quién queda el último en la fila? Siempre los ciudadanos. Hablo de la gente humilde que se saca el aire trabajando para pagar sus cuotitas mes a mes. Pero si esa misma gente se llega a trazar un solo día, tal vez porque se enfermó o el negocio estuvo bajo, el sistema no perdona. Les cobran intereses de mora desproporcionados, cobrándoles recargos sobre recargos, que vuelven cualquier deuda pequeña en una bola de nieve impagable y eso incluso hasta los deja en la calle. Y lo más indignante es que cuando es al revés, cuando es la cooperativa o el banco el que quiebra, ahí sí la ley ya no es tan rápida ni tan estricta. Ahí el ciudadano tiene que ver cómo sus ahorros de toda su vida se hacen humo en un laberinto de trámites eternos. Mientras que un montón de tramitadores y liquidadores se gastan la plata en papeles y al pueblo nadie le devuelve ni un centavo. Es por eso que como observación de esta reforma es pertinente tomar en cuenta de forma expresa una relación preferente y absoluta. Eso sí, siempre garantizando que los depósitos de las personas naturales se paguen con prioridad frente a otras obligaciones de la entidad en liquidación. Compañeros asambleístas, primero siempre tiene que ser la gente, nuestro pueblo, después las corporaciones. Les cuento un caso cercano sobre un emprendedor de mi provincia del oro, que es don Carlos, que es un carpintero que con el sudor de su frente ha logrado ahorrar 5 mil dólares en una cooperativa local para comprar las herramientas y poder educar a sus hijos. Bajo las reglas actuales de esta cooperativa, si llega a quebrar, don Carlos es el último en la fila. Pasarán los años, se crearán fideicomisos burocráticos, se pagan asesores, se liquidan edificios. Y cuando don Carlos pregunta por su dinero, ¿sabe lo que le pueden decir? Que no alcanza, que espere. Y si además don Carlos tenía un crédito pequeño y se atrasa un mes porque se enfermó, el sistema le cae con intereses de moras desproporcionados, convirtiendo una deuda pequeña en una bola de nieve totalmente impagable, que hasta incluso lo puede dejar en la calle. Con esta ley, le devolvemos la dignidad a mucha gente como don Carlos. Si la entidad se liquida, él cobra primero. Si se atrasa, le darán facilidades y planes de refinanciamiento reales ajustados a su capacidad económica. No castigos financieros diseñados para quebrarlo. Eso es trabajar por nuestra gente, por nuestros ecuatorianos, con soluciones reales. Colegas, la economía no puede ser un cálculo frío donde ganan las oficinas elegantes y siempre pierde el ciudadano que sale a trabajar por su familia, por darle estudios a sus hijos, por llevar un pan a la mesa. Nuestra responsabilidad no está con los números de los bancos, sino con la paz mental, el esfuerzo de aquellas familias orenses y de todas las familias ecuatorianas. Hoy estamos dando el primer paso, abriendo el camino para asegurar que el sudor de nuestro pueblo se respeta. Y los invito a construir este camino con el corazón puesto en nuestras calles y cantones. Para que muy pronto le entreguemos al país una ley justa que nadie pueda tumbar. Demostremos que esta asamblea tiene la sensibilidad de unirse para devolver la dignidad, la esperanza y el fruto de toda una vida a los hogares de nuestro país. Muchísimas gracias, señor presidente.