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Patricio Alberto Chávez Zavala (67%)
palabra el asambleísta Patricio Chávez. Gracias, señor presidente. Sí, muy buenos días con todos, colegas asambleístas, pueblo ecuatoriano. En este punto del orden del día tan importante que debatimos, este proyecto de ley que parte de una premisa largamente postergada, ya lo había dicho y recordado nuestro colega, desde el año 2024. Está claro que el sistema penitenciario no puede seguir siendo un territorio cedido a la delincuencia organizada. Solo en los últimos ocho años el Estado dejó de ejercer literalmente la autoridad plena dentro de los centros de privación de libertad. De esta manera permitió que se consoliden las economías criminales, las estructuras de poder paralelas, las redes de violencia que hoy amenazan de manera inminente a nuestro país. Es por esto, colegas asambleístas, que este proyecto sin duda representa un paso necesario, indispensable para recuperar el control efectivo de las cárceles y de esta manera también desarticular estas economías criminales que financian desde el interior. En este sentido yo valoro las incorporaciones que se han realizado al proyecto, la creación de un régimen penitenciario especial, el fortalecimiento de la infraestructura de máxima seguridad y, por supuesto, la mejora de los mecanismos de coordinación con la policía, con las Fuerzas Armadas. Está claro que estas medidas responden justamente a una realidad que que es urgente, que no admite más dilaciones. Sin embargo, señor presidente, colegas asambleístas, una reforma incompleta no es una reforma eficaz. Y este proyecto, tal como se nos presenta para este primer debate, deja aún algunos pendientes, deja dos ejes fundamentales que creo que no podemos ignorar si aspiramos a que esta ley sea sostenible en el tiempo y que verdaderamente pueda transformar el sistema penitenciario. Considero que el primer eje es esa necesidad impostergable de regular de manera expresa e integral, primero el cuerpo de seguridad y vigilancia penitenciaria. Considero que el texto actual está limitando al mencionar de manera, de forma genérica, la coordinación que con el Ministerio de Trabajo se tiene para la creación de carreras administrativas. Pero también se permiten regular aspectos esenciales como el ingreso meritocrático, los ascensos basados en el mérito y en la antigüedad. Creo que esto es importante. También la evaluación periódica del desempeño, la formación continua, especializada y por sobre todo un régimen disciplinario del personal penitenciario que sea claro y que sea también garantista. Estamos hablando, en otras palabras, de miles de servidores públicos que cumplen unas de las funciones del Estado, por no decirlo, tal vez de las más riesgosas que tienen, y que estos funcionarios trabajan en primera línea frente a estas organizaciones criminales altamente violentas, estratégicamente estructuradas, pero que hoy lo hacen sin ningún escalafón definido, lo hacen sin una carrera profesional digna y sobre todo sin estabilidad institucional, no podemos exigir excelencia, no podemos exigir lealtad y resistencia frente a la corrupción cuando el propio sistema los mantiene en condiciones de precariedad y de incertidumbre. La historia reciente del Ecuador nos recuerda con crudeza que las consecuencias de estas omisiones, por ejemplo, a las masacres, las masacres de la penitenciaría del litoral que se dieron en febrero del 2021, que dejaron 79 personas fallecidas, las de septiembre del mismo año, con 118 víctimas, las tragedias sucesivas del año de 2022 y del 2023, que en conjunto superaron los 300 muertos. No fueron únicamente fallas de infraestructura o de control externo, también fueron el resultado de un sistema que hasta el día de hoy no se profesionalizó, no protegió ni tampoco valoró adecuadamente al personal penitenciario y así de esta manera facilitando justamente la infiltración, la cooptación y el dominio de estructuras criminales dentro de estos centros. Por ello, compañeros, colegas legisladores, quisiera también proponer a la comisión que para el segundo debate se incorpore un capítulo justamente dedicado al cuerpo de seguridad y de vigilancia penitenciaria que establezca el ingreso por concurso público, escalafón periódica, formación continua. Esto claramente no se trata de un privilegio, sino justamente de una mínima condición para que la reforma tenga credibilidad, para que la reforma tenga legitimidad y sobre todo permanencia en el tiempo. El segundo eje al que me refería es la protección integral del personal penitenciario. Hablamos de hombres, hablamos de mujeres que en muchos casos, en muchos casos, viven justamente bajo la amenaza directa de las mismas organizaciones que el Estado pretende desarticular. En este caso, considero indispensable incorporar mecanismos de protección justamente reforzados frente a estas represarias de delincuencia organizada. Y de esta manera podríamos establecer límites claros justamente a esta discrecionalidad administrativa. Considero que sin protección institucional siempre el personal va a quedar expuesto justamente a ese amedrantamiento o a la cooptación y con ello vamos siempre a comprometer esa operatividad, la misma de la cual depende el sistema penitenciario. Esta omisión resulta particularmente grave en el contexto actual, donde la criminalidad organizada ha demostrado con una capacidad real que puede desafiar al Estado, puede infiltrarse en sus instituciones y es lo que está pasando el día de hoy, puede ejercer violencia sistemática y no podemos pedir con firmeza que quienes enfrentan justamente al crimen si el Estado no les ofrece ese respaldo, esa protección y esas reglas claras. Para terminar solamente, señor presidente, colegas asambleístas, tenemos que recuperar el control de las cárceles y esto no es una sola cuestión de muros, de armas, de regímenes especiales, es también una cuestión de institucionalidad, de profesionalización, de protección del talento humano, porque estamos claros que si fortalecemos al personal penitenciario vamos a fortalecer al Estado y si el Estado recupera sus cárceles, por supuesto, será el paso o uno de los grandes pasos decisivos en la lucha contra el crimen organizado. Esa es mi palabra, señor presidente. Muchas gracias. Gracias.