Palabra el asambleísta José Nango. Buenos días, compañeros asambleístas, señor presidente, estudiantes que nos acompañan el día de hoy en este debate, público en general del pueblo ecuatoriano que nos escucha a nivel del país y del mundo. Qué indignación, qué egoísmo escuchar en este pleno. Aquí no veamos banderas políticas, no veamos de dónde venimos, sino venezcamos ese clamor del pueblo, ese clamor que quiere vivienda. Soy de una comunidad, 35 minutos en avión, frontera con Perú. Cuando llegué a la ciudad del Puyo, me tocó dormir en una vereda, en un cartón y con una sábana blanca que llegamos con mi madre. Y por eso vuelvo y repito, qué egoístas, no sé qué corazón tienen o no sé qué vivienda tienen. Aquí venimos con un fin de dar mejores días al pueblo ecuatoriano, pero afuera nos espera la justicia. El pueblo nos va a juzgar el día de mañana. El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible. Así lo dijo Simón Bolívar. Hablar de vivienda en el Ecuador es hablar de una deuda histórica que el Estado ha mantenido durante décadas con miles de familias. No es un problema reciente, ni tampoco aislado. Es una realidad estructural que ha crecido con el tiempo y que hoy se refleja en cifras preocupantes. Actualmente, el déficit habitacional en el Ecuador supera el 50% de las viviendas, lo que significa que más de la mitad de los hogares vive sin condiciones adecuadas, ya sea porque no tiene vivienda propia o porque habita en espacios que no cumplen estándares mínimos de calidad, servicios básicos o seguridad. En Pastaza, una gran parte de las familias no tiene vivienda propia. Casi la mitad de los hogares viven aliendo. Y la gran mayoría de estas familias no encuentran alternativas de vivienda social impulsadas ni por el Estado ni por el sector privado. Además, más del 30% de los hogares en condiciones vulnerables presenta déficit habitacional, lo que refleja no sólo la falta de viviendas, sino también condiciones inadecuadas de habitabilidad. Y esto se agrava con otros factores. Falta de acceso a agua segura, deficiencia en alcantarillado, dispersión territorial y altos niveles de informalidad laboral. Porque en Pastaza la realidad es distinta. No se puede hablar de vivienda sin entender el contexto amazónico. Estamos hablando de una provincia con una de las densidades poblacionales más bajas del país, con comunidades dispersas, con pueblos y nacionalidades que viven en territorios alejados, donde el Estado llega poco o llega tarde. Estamos hablando de familias que, ante la ausencia de políticas públicas efectivas, han tenido que construir sus propios espacios, con materiales precarios, sin planificación, sin servicios y sin garantía. Este proyecto de ley de vivienda de interés social calificado como urgente en materia económica abre una posibilidad que durante años no sea concretado. Movilizar recursos, generar incentivos y permitir que la inversión privada contribuya a reducir el déficit habitacional. Eso es positivo, eso es necesario, pero también debemos ser claros. Una ley no transforma la realidad por sí sola. Lo que transforma la realidad es como se implementa. Si esta ley no incorpora una visión territorial, si no prioriza a las zonas rurales, si no considera la realidad de la Amazonía, corremos el riesgo de repetir lo mismo de siempre. Políticas que funcionan en las ciudades, pero que no llegan a donde más lo necesitan. Y aquí un punto fundamental. El acceso a la vivienda no es solamente un tema económico, es un tema social. Para una madre soltera en Pastaza, tener una vivienda significa estabilidad, significa dejar de destinar sus ingresos al arriendo, significa poder invertir en la alimentación de sus hijos, en su educación y en su salud. Para un padre que sostiene solo su hogar, significa seguridad, significa tener lugar propio donde crecer como familia. Y para los pueblos y nacionalidades, significa algo más profundo, significa arraigo, identidad y dignidad. Por eso este proyecto debe ir más allá de un enfoque financiero o tributario. Debe convertirse en una política real de inclusión, no de manera perfecta, pero sí en la dirección correcta. Apoyar a esta ley no significa desconocer sus limitaciones, significa reconocer que es un paso necesario, siempre que se garantice que su impacto sea equitativo. Que no se concentre en unos pocos territorios, que no deje fuera las comunidades y que no repita los errores del pasado. Porque el verdadero desafío no es construir viviendas, es garantizar que sean viviendas, que esas viviendas lleguen a quienes más lo necesiten. Y en esa lista, la Amazonía no puede seguir esperando. Hoy hablo desde la convicción, pero también desde el territorio, desde una provincia que ha sido históricamente olvidada, pero que sigue de pie, con dignidad. Compañeros asambleístas, es el día y la tarde de unirnos y ver por días mejores por nuestro Ecuador, por un país que tenga mejores días. El jaguar amazónico hablado, y luego con orgullo, representando a Pastaza, cuna de las siete nacionalidades, un territorio que no pide privilegios, sino que exige justicia. Muchas gracias, señor presidente.