🏛️ Asamblea Abierta

Assemblywoman Verónica Iñiguez - Session 094

📅 Fecha: Fecha no disponible

⏱️ Duración: 7 minutos

🎤 Oradores: 1

📺 Video: Ver en YouTube

Quién habla

  • María Verónica Iñiguez Gallardo (7 min, 917 palabras)

Transcripción completa

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🕒 0:00 María Verónica Iñiguez Gallardo (100%)
Palabra la asambleísta Verónica Iníguez. Muchas gracias, señora asambleísta. Hay proyectos que nacen para transformar la realidad y hay proyectos que nacen para crear titulares, para maquillar la ausencia del Estado y para convertir las urgencias del país en discursos vacíos. Y este proyecto de educación ambiental corre precisamente este riesgo. Por eso quiero iniciar esta intervención diciendo algo que lo hice durante toda mi vida académica hacia mis estudiantes. La educación ambiental que no viene acompañada de la satisfacción de las necesidades básicas de la sociedad termina siendo simplemente jardinería. Y esto es lo que tenemos al frente. Porque el Ecuador ya no necesita más expresiones líricas mientras los ríos se siguen contaminando, mientras los territorios se siguen entregando a campos extractivistas sin control y mientras la crisis climática sigue golpeando con más fuerza a familias trabajadoras, al campo y a las comunidades rurales. La educación ambiental no puede ni debe convertirse en una coartada política para fingir compromiso ecológico sin asumir verdaderas responsabilidades. Y resulta hasta irónico escuchar sobre su preocupación dentro de la educación y de incorporar contenidos fundamentales dentro del sistema educativo. Cuando el propio círculo en el que ustedes se encuentran en ese lado del hemiciclo ha normalizado una idea peligrosísima para este país. Que estudiar da exactamente igual. La idea de que el esfuerzo académico puede reemplazarse por privilegios de homologaciones expresas y mecanismos excepcionales reservados para quienes están cerca del poder. Porque mientras miles de jóvenes están pasando años enteros intentando terminar una carrera universitaria entre deudas, transporte, trabajos precarios, hoy lo que vemos es que hay personas cercanas al círculo presidencial que logran titularse con menos de nueve meses en carreras que normalmente durarían cuatro o cinco años. Entonces, sí, qué bueno que ahora han descubierto la importancia de la educación y qué bueno que ahora se está hablando de la formación ambiental. Pero lo que necesita el país es coherencia. Porque no se puede defender a la educación pública mientras se erosiona el valor del mérito académico frente a todo el Ecuador. Aquí se habla de sostenibilidad, de conciencia ambiental e incluso de protección de la naturaleza. Pero cuando se revisa este texto de fondo lo que vemos es una profunda contradicción. Es que lo que dice el discurso no guarda ninguna relación con la capacidad real de aplicación de este proyecto de ley. Porque esta ley crea obligaciones, competencias, contenidos curriculares, responsabilidades e institucionalidades, pero cero presupuesto. Ningún dólar garantizado. Se pretende incorporar la formación ambiental obligatoria en el sistema educativo mientras que el Estado reconoce no tener un solo centavo para ejecutar la ya existente Estrategia Nacional de Educación Ambiental 2025-2030. Entonces, la pregunta es simple, tanto para el asambleísta ponente así como para el resto de legisladores y legisladoras. ¿Quién va a sostener esta política? La buena voluntad de los docentes lo hará la cooperación internacional, las ONGs. ¿Quiénes la van a sostener? No podemos seguir aprobando aquí leyes donde el Estado aparece para redactar principios, pero desaparece cuando tiene que financiar derechos. Y hay otro problema todavía que es más delicado. Y es que este proyecto pretende presentar una acción más moderna de la educación ambiental. Pero termina atrapado dentro de las mismas lógicas del concepto de jardinería que ya mencioné. Habla de reciclaje, residuos, reforestación, biodiversidad, pero deja fuera del debate lo más elemental para el presente y futuro de este país. No se habla de justicia climática, ni mucho menos de la transición energética, peor de la responsabilidad ambiental de las grandes empresas o del impacto de los modelos extractivistas sobre los territorios y qué decir de ese consumo desmedido que existen en las grandes urbes. Parecería que toda la responsabilidad tendría que caer sobre los hombros de niños y niñas y adolescentes en todos los niveles de educación básica y secundaria. Pero además también deja fuera, y esto es importante decirlo, porque está fuera el sistema de educación superior. No se habla de cómo incorporar a las universidades, a los institutos tecnológicos o a las escuelas politécnicas. y qué decir entonces de lo que va a pasar con esos futuros ingenieros, arquitectos, economistas y demás profesionales que van a trabajar en la planificación. Ellos también deben tener una formación ambiental integral. Dejar fuera a la educación superior simplemente es desconocer cuáles son los problemas de la educación ambiental en nuestro territorio nacional. Y quiero ser muy clara con esto, y es que aquí, en este pleno, nadie puede oponerse a la educación ambiental. Pero justamente por la importancia que tiene este tema, no podemos aceptar proyectos que sean débiles, improvisados o simplemente simbólicos. El país lo que merece es una verdadera política ambiental, seria, que tenga financiamiento, articulación institucional, formación docente real y una visión integral de transformación ecológica. Y no podemos seguir legislando para la fotografía en donde presento mi proyecto de ley. No podemos seguir llenando el registro oficial de normas sin capacidad de ejecución. Porque mientras aquí nosotros estamos aprobando discursos verdes, afuera el país se enfrenta a una contaminación minera con subvenia incluso, incendios forestales, pérdida de biodiversidad y demás problemas ambientales. El Ecuador necesita coherencia. Y la coherencia empieza por reconocer que una ley sin recursos, sin planificación sólida y sin responsabilidad estatal efectiva, termina convertida en otra promesa incumplida. Este proyecto debe corregirse, fortalecerse y construirse con mayor seriedad técnica y mayor responsabilidad política. El ambiente necesita decisiones valientes y un Estado dispuesto a asumir sus verdaderas obligaciones. Hasta aquí mi palabra. Gracias. Gracias. Gracias.

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