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Patricio Alberto Chávez Zavala (75%)
Palabra el asambleísta Patricio Chávez. Muchas gracias, señor presidente. Al inicio de este periodo legislativo, compañeros, compañeros, tranquilicémonos un poco, compañeros. Al inicio de este periodo legislativo, decía, señor presidente, dentro de las pocas oportunidades que se me ha brindado para intervenir, manifesté que en sus manos, señor presidente, está y depende de que el nivel de esta asamblea sea el que merece tener el pueblo ecuatoriano como primer poder del Estado. En sus manos está, señor presidente. También dije que, si bien nosotros no venimos acá a ser amigos, tampoco venimos a crear enemigos. Y está claro, compañeros, que aquí todos somos en primera línea colegas, somos compañeros, algunos adversarios, y está bien. Esa es la democracia. Pero todos y cada uno de nosotros tenemos la obligación, tenemos el deber de legislar y fiscalizar en el marco de un debate, pero de un debate de respeto, un debate de ideas claras, un debate de verdad, un debate de honestidad intelectual. Para eso hemos sido electos por el pueblo ecuatoriano. Y es por eso, señor presidente, que me permito, por supuesto, respaldar la decisión que el día de hoy usted ha tomado y que, por cierto, esta decisión debía haberse aplicado desde el primer día de instauración de esta Asamblea Nacional. Y es lo que hemos nosotros venido exigiendo. Por lo tanto, señor presidente, por supuesto, apoyamos esta decisión, pero también no está por demás decir que quedamos atentos y hasta por qué ingenuamente optimistas, por qué no decirlo así, que esperando que esta decisión se aplique, señor presidente, a todos y cada uno de los legisladores de este hemiciclo. Porque sólo de esa manera nosotros, señor presidente, podremos trabajar de manera óptima, de manera comprometida y así responder con altura la confianza que el pueblo ecuatoriano nos dio a todas las instancias políticas de esta Asamblea Nacional. Dicho esto, señor presidente, solamente quisiera referirme ya al punto en cuestión y manifestar que, por supuesto, creo que todos aquí estamos defendiendo con firmeza la necesidad de fortalecer la seguridad interna de nuestro país. Es innegable que la gravedad del momento que estamos viviendo en este momento demanda y la ciudadanía nos demanda a nosotros respuestas, nos demanda coordinación institucional, nos demanda eficacia, nos demanda respuestas que deben construirse sacrificando egos personales y, por supuesto, no sacrificando los derechos fundamentales ni normalizando la excepción. En este sentido, señor presidente, la historia nos enseña que sin controles estrictos la intervención militar en asuntos policiales puede derivar en abusos irreparables, como ya se ha evidenciado en estos casos trágicos que han marcado ya la penosa historia del Ecuador en este ámbito. Y para muestra de esto, pues ya lo han repetido varios colegas, el ejemplo doloroso que no podemos ni debemos olvidar sobre los cuatro niños de las Malvinas, Steven Medina, Neemías Arboleda, Josué e Ismael Arroyo. Ellos, recuerden, colegas, fueron desaparecidos, torturados, asesinados por miembros de las Fuerzas Armadas en diciembre del 2024 en un contexto de militarización sin límites claros. Este crimen atroz perpetrado en el marco de, entre comillas, operaciones de seguridad no puede quedarse como un hecho aislado porque esta es una advertencia viva de los riesgos que permiten que en determinadas coyunturas el poder militar se expanda sin salvaguardas reales y peor efectivas. En este sentido, a un año de esta tragedia, las familias siguen esperando justicia y nosotros, como legisladores, tenemos el deber de asegurar que esto no se vuelva a repetir, no sólo con discursos de condena, sino legislando responsablemente. Creo que lamentablemente lo sucedido con los niños de las Malvinas, por supuesto, ya lo hemos dicho, no es un caso aislado. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos conoció en julio pasado 31 casos de desapariciones forzadas atribuidas a militares en apenas año y medio de estado de excepción. Recordemos también que las detenciones arbitrarias y el uso excesivo de fuerza durante el paro nacional de octubre no es para menos. Es por ello que tenemos la obligación de que este proyecto de ley debe convertirse en un escudo frente a estos abusos que hemos mencionado y no una puerta abierta para que estos se den. Este informe, colegas, para primer debate, reconoce la escalada del crimen organizado y también la necesidad de esta coordinación interinstitucional tras la reforma constitucional aprobada en el referéndum de abril del año de 2024. Valoro, por supuesto, los principios rectores propuestos como la excepcionalidad, como la temporalidad, la proporcionalidad y el respeto irrestricto a los derechos humanos. Ya terminando, señor presidente, estos principios no pueden quedar de ninguna manera en declaraciones retóricas. Estos principios deben traducirse en normas operativas, exigibles, sancionables y no obstante, el texto requiere ajustes considero indispensables. Esto hace, por ejemplo, la referencia a la ley orgánica de la solidaridad nacional que fue expulsada del ordenamiento jurídico tras ser declarada inconstitucional. No podemos construir una nueva ley sobre cimientos jurídicos que en este momento son asimismo el artículo 11 que prohíbe la vigilancia de manifestaciones pacíficas o protestas sociales pero introduce salvedades por qué no decirlas riesgosas. Esta prohibición debe ser absoluta porque la protesta social no es una amenaza a la seguridad, es una expresión legítima de democracia. Colegas asambleístas, este debate no es entre seguridad y derechos, ese entiendo o lo veo como un falso dilema. El verdadero desafío que tenemos es de construir seguridad pero con derechos, construir seguridad con legalidad y en este sentido debemos tener un control de nuestra memoria histórica. Si legislamos desde el miedo vamos a abrir la puerta a nuevos abusos. Si legislamos desde la responsabilidad democrática podremos enfrentar finalmente este crimen organizado sin convertir al Estado en un victimario. hoy es la oportunidad en este nuevo marco señor presidente de demostrar que este parlamento está a la altura de este desafío histórico y que la seguridad del país no se construye con impunidad y que los derechos humanos no son el obstáculo sino el límite irrenunciable del poder. Muchas gracias señor presidente tiene la palabra