🏛️ Asamblea Abierta

Asambleísta Ana Herrera - Sesión 080

📅 Fecha: 24 de marzo de 2026

⏱️ Duración: 12 minutos

🎤 Oradores: 1

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Quién habla

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La palabra la asambleísta Ana Herrera.
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Buenos días con todos y con todas. Gracias, presidente. Creo que pocas veces en la Asamblea Nacional vemos debates tan tranquilos y conciliadores como el que estamos viviendo el día de hoy y creo que eso tiene que ver con la importancia del tema que precisamente hoy estamos tratando. Hoy estamos aquí todos nosotros sentados con micrófono, con visibilidad, con voto, con la posibilidad de hablarles a todos y a todas las ecuatorianas. Mañana a lo mejor no estemos aquí, mañana a lo mejor quién sabe si estamos o no estamos aquí. Pero las decisiones, colegas legisladores, que tomemos hoy, esas sí se quedan y esas sí son responsabilidad nuestra. Esas decisiones que nosotros tomamos se clavan en la vida de los 18 millones de ecuatorianos que están pendientes de las decisiones que tomemos en esta Asamblea para bien o para mal. Y hoy precisamente estamos hablando de la eutanasia. Y cuando hablamos de eutanasia, señores legisladores, hablamos de dignidad. Esa dignidad o esa palabra que a veces nos queda grande, esa palabra que la usamos mucho y que a veces es bastante usada o mal usada, si somos honestos. Pero la dignidad, compañeros legisladores y ciudadanos, es eso que hace que una persona sea intocable en su esencia. No por lo que produce, no por lo que tiene, ni siquiera por cómo está. Y ahí precisamente está la clave. La dignidad no se evapora cuando alguien enferma, no se desmorona cuando el cuerpo falla. La dignidad no se apaga cuando el dolor se vuelve cotidiano. Pero claro, decir dignidad es decir algo fácil, ¿no? Aplicarla, eso sí ya es otra cosa totalmente distinta. Ahí es cuando la cosa cambia. Porque si la dignidad solo sirve para hacer discursos bonitos, entonces, compañeros legisladores, lo que estamos haciendo aquí es literatura y no política. Porque si hablamos de dignidad, hablamos de legislar para derechos. Hablamos de legislar para la vida, por supuesto. Pero también hablamos de legislar para el derecho a elegir cómo vivir, pero también cómo morir de manera digna. Y si hablamos de dignidad, y ustedes la han mencionado aquí en varias ocasiones, es imposible no mencionar a Paola Roldán. Y en este punto, presidente, le pido con su autorización que permita la transmisión o la reproducción de un video que ha sido enviado. ¡Gracias! ¡Gracias!
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Autorizado.
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La batalla personal de Paola Roldán, una ecuatoriana de 42 años que padece ELA, ha terminado con una histórica sentencia de la Corte Constitucional del país, reconociendo la despenalización de la eutanasia.
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Lo que vivo es doloroso, solitario y cruel.
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Su vida no ha vuelto a ser la misma desde que en 2020 le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad grave que le provoca fuertes dolores y le obliga a depender de un respirador.
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Marta Sepúlveda se sumó a la lista que empezó Víctor Escobar, a quien también le fue puesta la inyección letal bajo la misma modalidad. El hombre de 60 años que padeció durante varios años alrededor de 17 patologías, entre ellas una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, también murió dignamente en la ciudad de Cali.
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Lo que acaban de ver, compañeros legisladores, no es un caso abstracto, no es solo un expediente, es una persona. Y si hay alguien que personifica de la mejor manera lo que tiene que ver con la eutanasia es precisamente Paola Roldán, esa mujer valiente que logró la despenalización de la eutanasia en el Ecuador después de padecer una larga y dolorosa enfermedad, peleando por su derecho precisamente a una muerte digna. Una mujer que enfrentó una enfermedad que no da truegua, una enfermedad degenerativa, implacable, de esas que no negocian con nada ni con nadie. Y que tuvo además la claridad y el coraje, repito, el coraje, que es algo que a muchos de nosotros nos falta, de atreverse a decir lo que a veces incomoda. Y ustedes la escucharon, y lo que incomoda a veces escuchar es decir, no me obliguen a seguir así, no me obliguen a sufrir. Ni privilegios, ni excepciones, ni discursos, es solo eso, poder elegir morir con dignidad. Y ahí es donde, como legisladora y como persona, yo me pregunto, ¿qué hacemos con esto? Miramos al techo, cambiamos de tema, nos refugiamos en nuestras creencias personales, como si estuviéramos legislando para nosotros, o decidimos dar un paso hacia adelante y garantizar derechos. Porque si somos francos, compañeros legisladores, y esto puede sonar duro, el legado de Paola Roldán no puede quedar en nada. Necesitamos hacer algo en realidad. No puede convertirse en un titular que se olvidó a la semana, o no puede diluirse con el ruido político. Y no, no estamos inventándonos algo nuevo, esto ya está legislado en varios países. Entonces, el mundo ya pasó por este debate que ahora mismo nos corresponde a nosotros. En Colombia ya se hizo en el 97, en España en el 2021, en Bélgica a principios de los años 2000, y fueron más allá con modelos estrictos, revisiones posteriores y protocolos realmente muy duros. Así que esto no es un salto al vacío, no es una discusión que no merezca la pena, esto ya se dio. No puedes obligar a una persona a vivir en condiciones que ella misma considera indigna, y esto es importante que lo tengamos en cuenta. Pero ahora si nos vamos hacia cómo está planteado el proyecto de ley y cómo se presentó, qué es lo que manda la Corte Constitucional, creo que aquí es importante que hagamos algunas precisiones que ya se han dicho aquí también. Lo primero es que este proyecto de ley reconoce el derecho a decidir, no obliga a nadie, no empuja a nadie, simplemente permite el derecho a que libre y de manera informada y de manera consciente podamos decidir. Lo otro que introduce este proyecto de ley es el tema de las voluntades anticipadas, que dicho en simple es que tú puedas decidir lo que hoy quieres para mañana, o para cuando no puedas decidir de manera consciente, cuando no puedas hablar, cuando no puedas tomar decisiones, y que eso además tiene que ver con un tema profundamente humano. Además, el consentimiento anticipado debe tener carácter permanente, sin plazo de caducidad, para garantizar la eficiencia y la eficacia del derecho reconocido en la sentencia. La Corte además admitió el consentimiento directo y o por representación. Y aquí hay una preocupación, porque el proyecto lo que hace es reducir a voluntades anticipadas, formalizadas, restringiendo el alcance reconocido en la Corte Constitucional. Además, se exige un documento o un certificado notariado, cosa que limita el acceso al derecho y que podría además permitir ciertas vulnerabilidades. El otro tema del que tenemos que hablar es de la objeción de conciencia. Evidentemente, este proyecto de ley reconoce la objeción de conciencia de manera individual, pero no deja claro cuáles son los mecanismos para garantizar que esta objeción de conciencia no se convierta en una objeción institucional, porque si no, esto estaría limitando y restringiendo los derechos al acceso al que está planteando la Corte Constitucional. Lo otro de lo que hablamos tiene que ver con, además, bueno, no nos olvidemos además que la Corte Constitucional en su dictamen no exige una fase terminal o pronóstico de la vida corto para que se pueda tener acceso a la eutanasia. En este proyecto de ley se plantean algunas restricciones y la Corte Constitucional indica y protege casos de sufrimiento intenso por enfermedad grave o incurable o lesión irreversible sin que haya proximidad a la muerte. Y ya casi para terminar, mientras nosotros discutimos que tiene que ver o si estamos de acuerdo o no con la eutanasia, afuera la vida sigue, ¿no? Y tenemos más de 300 millones de personas que viven con enfermedades raras, más de 7 mil enfermedades sin cura, miles y miles con dolor crónico, deterioro progresivo o dependencia total. Y esto no es teoría, tampoco es exageración, es lo que ha pasado y es lo que estamos viviendo ahora mismo. Entonces, si hacemos un ejercicio, imagínense, compañeros legisladores, si alguien cercano a ustedes, si su padre, si un hermano, si un hijo, si algún familiar cercano o alguien que ustedes aman está en esta situación, ¿qué harían ustedes? ¿Qué podrían pensar ustedes en este sentido? Y aquí la respuesta no es la doctrina, aquí la respuesta no es la religión, no es la ideología, aquí lo que hay que responder es con empatía, compañeros legisladores, porque al final esto no se trata de si somos de izquierda o si somos de derecha o otra cosa, no se trata de si lo que queremos o no. Sinceramente, creo que lo más importante es que nosotros estamos aquí no para imponer nuestras creencias particulares, no para imponer nuestras creencias personales, estamos aquí para garantizar derechos en un Estado que es de todos, no de unos cuantos. Y eso implica a veces, compañeros legisladores, incomodarse, implica dudar, implica a veces ir un poco más allá. Esta ley no crea el derecho a una muerte digna, sino que la desarrolla, lo organiza y lo hace aplicable bajo condiciones verificables. Por lo tanto, compañeros legisladores, desde un análisis, además jurídico, no estamos frente a una decisión discrecional de nosotros como legisladores, sino frente al cumplimiento de un mandato constitucional. Y hoy, compañeros legisladores, y ya para terminar, tenemos la oportunidad rara, quizá incómoda, pero histórica, de decidir si este Estado acompaña a su gente o le da la espalda. Yo la verdad, compañeros legisladores, la tengo claro. Ojalá ustedes también. No les demos la espalda a esos ciudadanos que están esperando de nosotros una respuesta y actuemos con absoluta empatía y garantizando el derecho a vivir con dignidad, pero también el derecho a decidir morir con dignidad. Gracias, Presidente.

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