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José Fernando Nantipia Chumpi (100%)
Un saludo fraterno para todos los ecuatorianos, en especial a nuestros compañeros de la provincia de Morona-Santiago, a quien dignamente represento en la Asamblea Nacional. Señor presidente y compañeros asambleístas, quiero indicarles que hoy no estamos discutiendo solamente una ley económica urgente. Hoy estamos discutiendo un modelo de país que queremos construir. El informe que se nos presenta reconoce algo que nadie lo puede negar, los sectores estratégicos, en especial en materia de minería y energía. Recursos naturales son pilares fundamentales para sostener las finanzas públicas, los servicios y el desarrollo nacional. Y sí, Ecuador necesita orden, necesita inversión, necesita seguridad energética y combatir, sobre todo, la minería ilegal que nos está ganando la batalla, pero no la guerra. Eso también lo entendemos quienes venimos desde la Amazonía ecuatoriana. Pero también debemos decir algo con absoluta claridad. El Ecuador no puede desarrollarse sacrificando a la Amazonía. La riqueza energética del país nace en nuestros ríos, en nuestras montañas, en nuestros territorios. Sin la Amazonía, el país no tendría hidroeléctricas, no tendría energía y tampoco tendría gran parte de sus ingresos estratégicos. Por eso mi voto responsable será un voto condicionado. Aprobaremos esta ley siempre y cuando no se vulneren los derechos de los pueblos amazónicos. Quiero indicar dos cosas puntuales. Primero, la consulta previa, libre e informada, no es un trámite administrativo. Es un derecho constitucional de los pueblos y nacionalidades. La propia normativa lo reconoce que los proyectos extractivos deben contar con la participación y, sobre todo, el consentimiento de las comunidades afectadas. La consulta previa, libre e informada no puede quedar implícita, ni interpretada, ni subordinada. Debe estar claramente garantizada porque sin consulta previa no hay licencia social. Sin licencia social no hay paz territorial. El segundo, las regalías que habla este proyecto de ley. No podemos permitir que la energía salga de la Amazonía y de otras regiones y la pobreza se quede en la Amazonía. Las hidroeléctricas se construyen en nuestros territorios, utilizan nuestros ríos, afectan nuestras comunidades y, sobre todo, sí, reconocemos, transforman nuestra realidad local. Por eso, el 30% de las regalías debe mantenerse para la Amazonía y los gobiernos autónomos descentralizados, sobre todo y en especial los amazónicos. Esto no es un privilegio. Esto es justicia territorial. La ley habla de maximizar beneficios para el Estado, pero el Estado también son las comunidades que viven junto a los proyectos extractivos. El proyecto no puede ser solo cifras macroeconómicas. Debe ser agua potable, debe ser salud, debe ser educación, caminos y oportunidades para nuestra gente, en especial para esos jóvenes que conviven junto a las obras. El país necesita inversión energética. Sí, lo sabemos, no lo negamos, pero inversión con responsabilidad social, ambiental y, sobre todo, cultural. No estamos en contra del desarrollo. El Estado, más bien estamos en contra del abandono que nuestra Amazonía la vive. La Amazonía no puede seguir siendo la zona donde se generan los recursos y donde llegan los beneficios. Durante décadas, el país ha recibido energía, petróleo, minerales y todos los proyectos estratégicos se encuentran. Pero nuestras comunidades siguen sin hospitales, sin vías, sin servicios básicos. No podemos seguir normalizando esta vulneración de derechos a nuestros amazónicos. Por eso hoy hablamos con firmeza, pero también con apertura. Si esta ley garantiza consulta previa, si respeta los derechos colectivos y si asegura que el 30% de regalías continúe en la Amazonía, tendrán nuestro respaldo, porque queremos un Ecuador que crezca, pero un Ecuador que crezca con justicia, que el progreso nacional no signifique retroceso para los pueblos amazónicos. Y con esto quiero terminar, señor presidente y colegas asambleístas. El futuro energético del Ecuador nace en la Amazonía y si el país quiere estabilidad, quiere inversión y paz social, debe empezar por respetar a quienes hemos cuidado nuestro territorio mucho antes que exista el Estado. Muchas gracias. Muy buenos días. Mi palabra, señor presidente.