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Silvia Patricia Nuñez Ramos (100%)
Muchas gracias, Presidente. Señores asambleístas, debo iniciar mi discurso diciendo que una ciudad puede soportar una discusión política. Lo que sí no puede soportar es que el gobierno improvise con los servicios que sostiene la vida de la gente. Y eso es lo que está haciendo. Porque gobernar una ciudad no empieza de un despacho, empieza cuando todavía es de noche y miles de trabajadores salen a barrer las calles, a limpiar un mercado, a recoger la basura, para que millones de ecuatorianos puedan empezar un día con tranquilidad, con normalidad. Ese trabajo casi nunca ocupa titulares. Pero cuando deja de hacerse, todo un país siente las consecuencias. Porque hay servicios públicos que solo se vuelven visibles cuando fallan. Y la recolección de la basura es uno de ellos. Por eso decimos, la basura no espera. No espera peleas entre el gobierno central y los gobiernos autónomos. Simplemente se acumula. Sí, señores, se acumula. Y cuando se acumula, el problema deja de ser administrativo para convertirse en un problema de todos, de la ciudadanía. Y se convierte en un problema de la ciudadanía. Y se convierte en un problema del ambiente, de la seguridad, de la dignidad, de la salud pública. Si una tasa estaba mal calculada, se corregía. Si una metodología no era clara, debía transparentarse. Si existían clamos, debían atenderse. Nadie está aquí para defender cobros injustos. Pero romper de un día al otro el mecanismo que financiaba un servicio esencial y después culpar a los municipios ya no es una política pública. Es trasladar el problema a los territorios y a los gobiernos autónomos descentralizados. Y todavía cuando, sin ninguna justificación, el presidente de la república en una entrevista dice la tasa de recolección de basura, señor alcalde, o municipio, cóbrela en su planilla de agua. Porque cuando la cobra en la tarifa eléctrica, la gente dice que el Estado le está subiendo la luz. Eso dice el presidente. Y por tanto, entonces, toma una decisión que afecta directamente a los gobiernos autónomos descentralizados. Ahora, escuchemos que todo esto supuestamente se hizo para beneficiar a la ciudadanía. Entonces, respondamos con hechos. Si eliminar la tasa de basura tenía como objetivo aliviar el bolsillo de las familias, la primera pregunta que nos hacemos es simplemente ¿cuánto bajó realmente la planilla eléctrica? ¿Cuánto bajó? Para el 2026, el costo medio nacional de la energía eléctrica pasa de 161 a 12.83 centavos por kilovatio hora. Es decir, no bajó. Si le quitamos la tasa de la basura, la energía eléctrica debió haber bajado. Pero no baja, sube. Entonces, claro, nos damos cuenta de que el Ecuador mantiene compromisos con el Fondo Monetario Internacional relacionados con esta recuperación de costos y la reducción de subsidios. Por eso la duda es completamente legítima. La intención era aliviar a la ciudadanía o limpiar la planilla eléctrica de rubros municipales para que el incremento de la tarifa pase desaternido. Eso es lo que se intentaba. Nos preguntamos, ¿no? Mientras tanto, Quito tuvo que reaccionar. Y reaccionó, ¿cómo? Porque se termina de manera anticipada un convenio que estaba vigente y entonces se tuvo que aprobar una ordenanza. Se implementó un mecanismo de cobro mediante la planilla de agua. Y los resultados, si ustedes lo miran, han sido exitosos. Más del 90% de recaudación. Más de la mitad de usuarios pagando lo mismo o menos. Y reducciones de hasta el 78% en medidores compartidos. Eso ya no es improvisación. Eso es el trabajo que hace un alcalde. Eso es gestión frente a una crisis creada desde el gobierno central. Y entonces, llegamos al fondo del problema. ¿Por qué cada vez más es evidente que aquí ya no es simplemente el debate de la basura? El debate aquí simplemente son las disposiciones del Fondo Monetario Internacional y de paso, atacar a las autoridades locales. Atacar a un alcalde de una ciudad. Una cosa es revisar una política pública. Otra muy distinta es utilizar un servicio esencial para confrontar políticamente a un gobierno local. Colegas asambleístas, necesitamos barrios limpios, mercados funcionando, necesitamos caras seguras. La gente necesita saber qué paga y por qué lo paga. Necesita gobiernos que resuelvan problemas y no que los fabriquen. Por eso quiero terminar como empecé. Una ciudad puede soportar una discusión política. Lo que no puede soportar es que el gobierno improvise con los servicios que sostiene la vida de un agente. Porque la basura no distingue entre oficialismo y oposición. Y por favor, dediquémonos a fiscalizar lo que nos interesa. El caso Progen, el caso Austral y muchos otros. Y no desviemos, por favor. Muchas gracias, señor presidente. Gracias, asambleísta. Tiene la palabra el asambleísta Jorge Chávez.