Muy buenos días a todos, gracias Presidente, colegas legisladores, a la ciudadanía que como siempre nos acompañan a través de las redes digitales. Sé que cuando se habla de eutanasia y cuando se habla de muerte o de vida no es algo sencillo, es un tema que toca a lo más profundo de nuestras fibras, que toca muchas veces nuestras creencias, nuestros dogmas. Y aquí hay que ir mucho más allá porque esto es hablar sobre enfermedades catastróficas, es hablar sobre vida digna, sobre la libertad del individuo para decidir. Por eso este debate primero me alegra que podamos ser algunos quienes podamos transmitir nuestras opiniones, nuestra investigación que se tiene que añadir al gran trabajo que ha hecho la Comisión a lo largo de estos meses, sino también para escuchar la madurez, la sensibilidad y la responsabilidad humana, ética y jurídica también que habrá en cada uno de nosotros. Pero esta no debería ser una discusión exclusivamente para hablar de muerte, porque muchas veces cuando se habla de la eutanasia se utiliza como término la muerte asistida, esta es una discusión sobre el derecho a no vivir con sufrimiento cuando ya no hay absolutamente ninguna esperanza. Y en este contexto quiero empezar señalando algo que debería ser fundamental y es que en este informe se han incluido muchísimas voces autorizadas y es un informe completo que lo que menos está es en ser un documento improvisado. Es el resultado de un proceso serio, técnico y sobre todo profundamente humano, que es lo que debería primar cuando hablamos justamente de este tema. Desde la Comisión se ha trabajado sobre las bases de unificación de varios proyectos de ley incorporando además algunos otros procesos de socialización, repetición de criterios técnicos, científicos, médicos y jurídicos. Han participado instituciones públicas, han participado organismos técnicos, profesionales de la ciencia y de la salud, de la academia, expertos en biotécnica y sobre todo ciudadanos que son los que tal vez tienen las historias más reales y más cercanas a lo que uno vive cuando tiene cerca a un ser querido, a un familiar o a un conocido con alguna enfermedad catastrófica y sin cura. Este proyecto ha sido construido escuchando estas voces, diversas voces, considerando las diferentes aristas jurídicas, médicas, científicas y humanas. Es por eso que este primer debate, señor Presidente y queridos legisladores, tiene este propósito, el que estamos escuchando en este momento y es abrir el espacio para dialogar, mejorar o enriquecer este proyecto como lo dijo el Presidente de la Comisión, Juan José Reyes. Hay algunos países, muchos países que también atravesaron un momento como el nuestro, complicado, incómodo, difícil de tratar, pero han llegado a darle a sus ciudadanos normas claras, reglas, garantías y controles. Lo han hecho en España, Canadá, Portugal, Nueva Zelanda, Australia y algunos otros. Ecuador empieza hoy aquí junto a nosotros a recorrer este camino, en un camino que no se trata bajo ningún concepto de promover la muerte, es todo lo contrario, es reconocer una realidad y es que hay personas que sufren intensos e irreversibles dolores por causa de enfermedades catastróficas, incurables y que buscan decidir ellos sobre su vida, sobre su cuerpo, el propio proceso que quieran continuar y hacerlo con dignidad. Si esta ley logra garantizar el derecho, y eso lo conversaba justamente con mis colegas de los medios legislativos antes de entrar al Pleno, que si logra garantizar al menos el derecho de una sola persona que sufre y que no tiene una respuesta jurídica para tomar la decisión que esta persona quiere, yo creo que estaremos legislando correctamente para la ciudadanía. Basta que sea uno el que se pueda ver beneficiado con una ley como esta. Este proyecto da pasos importantes en términos técnicos, fortalece la seguridad jurídica tanto para los pacientes como también para el personal de salud, que tampoco saben muy bien qué camino tomar cuando hay estos casos excepcionales. Se reconoce que el médico sea quien tiene que hacer el acompañamiento durante todo el procedimiento y que podrá ser y deberá ser acordado por el paciente, reforzando siempre la autonomía personal. Asimismo se aborda la objeción de conciencia buscando siempre un objetivo que sea el equilibrio responsable, se respeta el derecho del personal de salud a actuar conforme a sus convicciones, porque también comprenderemos que más allá de que exista una ley, habrá también la libertad para que los profesionales de la salud decidan si es que quieren formar parte o no de estos procesos. Se mantiene la obligación del sistema de salud de garantizar el acceso al procedimiento, como también todos los caminos que garanticen la tranquilidad del individuo y de sus seres queridos. A la ciudadanía hoy hay que decirle algo muy claro, y es que cuando una ley pone en el centro de la mesa a la dignidad, a su autonomía y a sus derechos del ciudadano, esa ley merece ser analizada y merece ser debatida con muchísima seriedad, con mucho rigor y con mucha empatía, no hay que olvidarse de esto. Este informe lo que menos pretende es decir que está terminado o que no hay absolutamente nada que debatir. Al contrario, se abre un debate con responsabilidad y la voluntad de construir una respuesta jurídica mucho más humana hoy en este país. es el verdadero sentir que tenemos que tener a legislar sobre esta ley de la eutanasia. Seguir mejorando el texto, fortalecer las garantías y legislar con humanidad. Cuando hablo de esto es imposible, más allá de que hay muchas palabras técnicas, científicas, médicas y jurídicas. Para mí es imposible no hablar desde una experiencia personal, pues junto a mi familia nos tocó acompañar a mi padre durante casi un año por una enfermedad incurable. Lo vimos apagarse poco a poco, casi 11 meses. Y cuando uno va viendo ese proceso, cuando el único movimiento que podía tener era el de abrir los ojos y mirarte, uno comprende en silencio que el dolor más grande, más allá del dolor del individuo y el dolor de la familia que vea a su ser querido irse poco a poco, el dolor más grande que existe, incluso mucho más grande que el dolor físico que tiene el paciente, es el dolor del individuo al ver a su familia sufrir por él. Estimados legisladores, aquí no está en juego hoy una teoría, es la vida con dignidad y sin sufrimiento para que cada una de las personas pueda decidir. Porque más allá de cualquier creencia, hay un principio que nos une y que nos debería unir y nunca dividir, y es que todos deberíamos tener la libertad de decidir cómo queremos vivir nuestros días finales cuando estamos condenados a vivir con dolor, con una enfermedad que desgraciadamente no tiene cura. Muchísimas gracias, Presidente. Gracias, legisladores. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias.