Buenas tardes, Presidente, colegas legisladores. Efectivamente estamos frente a un tema de carácter muy sensible, enmarcado más por la empatía que por la misma voluntad de la Corte Constitucional. Quiero iniciar reconociendo a Paola Roldán. Gracias a ella es que se gestionó y se logró llegar a la eutanasia a través de la dignidad humana. No hablar de la muerte, sino del valor supremo de la vida a través de la dignidad. Pero como Paola, también existieron otros luchadores, quienes no solamente frente a un sistema de justicia inoportuno, sino también ante una enfermedad catastrófica, generaron verdadero sentimiento de batalla en beneficio de la vida y de la dignidad. También se encuentra Iván Cajamarca, quien sufrió de linfoma y quien no logró acogerse a la eutanasia precisamente por su falta de regulación. Tenemos el caso de María, nombre protegido, la primera mujer de este país que se sujetó a un procedimiento de eutanasia. Y como no existían parámetros normativos, los médicos y posterior de una medida cautelar que la presentó Antelíes, logró acceder a la eutanasia con protocolos europeos en su hogar. Quiero saludar también la iniciativa de la Comisión de Salud. El informe que han preparado y que le entregan el día de hoy al país consta de 32 participaciones de expertos de la sociedad civil, de médicos capacitados, y es lo que se conoce como un verdadero procedimiento democrático. Felicitaciones a los miembros de esta comisión. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en tres casos particulares, el primero de ellos Murillo y otros versus Costa Rica, Jiménez López versus Brasil, y en un caso contra el Estado ecuatoriano, el caso González, y otros versus el Ecuador, ha logrado determinar que los estándares del derecho a la vida tienen que estar sujetos a los estándares del derecho a la dignidad. Y es en este punto donde quiero poner mi consideración contraria a los criterios que ha esgrimido el doctor Banegas, cuando hacía referencia a un ejercicio de ponderación respecto a los criterios de Zaffaroni. Más bien lo que hace tanto la Corte Interamericana de Derechos Humanos como la Corte Constitucional en este fallo, es hacer referencia a la autonomía como la conjugación del derecho a la vida, plasmada en el artículo 66.2 de la Constitución, con el derecho al libre desarrollo de la personalidad contemplado en el artículo 66.5, únicamente como observación en la parte técnica de esta normativa. Ahora también, desde la parte más humana, pacientes oncológicos en fases terminales que merecen dejar el sufrimiento a un lado. Platón ya decía que el cuerpo es la cárcel o la prisión del alma. Y no podemos someter a nuestros hermanos pacientes oncológicos, pacientes con enfermedades catastróficas, con un sufrimiento permanente, a permanecer encarcelados en los cuerpos que sufren estas dolencias. Desde la literatura también se habla mucho de la muerte. Y en esta obra de José Saramago, Las Intermitencias de la Muerte, se plasma un mundo donde la muerte no existe, que a primera instancia parecería ser un milagro, pero que esto no deja a un lado el gran sufrimiento que tienen las personas con este tipo de condiciones. Y obligarlas a permanecer cautivas o a permanecer prisioneras de un sufrimiento eterno, contradice toda percepción amplia del derecho a la dignidad que tiene que estar inclusive ajustada a los preceptos del derecho a la vida. Tenemos una oportunidad como Asamblea Nacional de que todos los criterios que el día de hoy se han debatido sean expuestos también en observaciones ante la Comisión. Pero de lo que sí estoy seguro es que en el segundo debate, o en este caso cuando conozcamos el informe para segundo debate, creo que vamos a tener una mayoría absoluta o un proceso de unanimidad con respecto de este caso. No podemos ser insensibles con el dolor ajeno y más allá de todo dogma, más allá de toda posición política, tiene que gobernar el sentido común y tiene que gobernar lo que el informe que ha elaborado la Comisión de Salud hace referencia con la dignidad humana. Tener el derecho y la autonomía para elegir vivir bien, pero tener el derecho y la autonomía también para decidir morir en condiciones de dignidad. Gracias, Presidente.