Tiene la palabra el asamblista Andrés Castillo.
Les ofrezco quizás el discurso más corto que habrán escuchado en esta asamblea, porque lo que estamos discutiendo es tan sencillo como que uno más uno es dos, o como que hay cinco vocales en el alfabeto, A, E, I, O, U, o como que tenemos las peores fiestas de Quito, así de claro, que ya la población no sabe si es que son las fiestas de Quito o las siestas de Quito, gracias a aquel incompetente señor que está allá en el Palacio Municipal. Y les decía yo que es tan sencillo esto, porque aquí debemos ponernos claramente en dos grupos, claramente establecidos, sin lugar a dudas, sin lugar a discusión.
Ustedes sabrán en qué lado se ponen. En el lado de los buenos, de aquellos que creemos que hay que seguir enfrentando al crimen organizado y a la delincuencia, del lado de aquellos que nos alegra que cada vez vayamos dando más pasos para enfrentar a los mafiosos, o del lado de los otros, de aquellos que les da urticaria, que les da guerrera, aquellos que les preocupa mucho que delincuentes como Pipo, como Fede, o como cualquiera de ellos, estén ahora tras las rejas. El cambio del orden del día entonces, se sustenta en lo que les dije el otro día cuando se había planteado en este hemiciclo el poder discutir aquello.
Nosotros debemos entender que la mafia no tiene códigos, la mafia no tiene una constitución, la mafia no tiene un código orgánico de funcionamiento. Simplemente ataca, simplemente bombardea, simplemente asesina, simplemente vacuna, manda señales, cuelga gente en los puentes, hace ese tipo de cosas para desafiar al Estado. Por lo tanto, la respuesta del Estado tiene que ser estatal. Cuando se capturó a Pipo, hubo un trabajo coordinado entre la Policía Nacional y la Guardia Civil Española, un trabajo de inteligencia que nos permitió identificar a aquel ciudadano que inclusive simuló su muerte.
De un ciudadano que se ha cambiado varias veces la cara para que no se le reconozca. Se ha cambiado varias veces de identidad para que no se le logre encontrar fácilmente. Pero con ese trabajo tesonero, profesional y dedicado de nuestra Policía y de la Policía de España, se logró capturar al señor Chavarría, alias Pipo. ¿Estamos contentos entonces o no? ¿Estamos de acuerdo entonces o no? ¿Apoyamos aquello entonces o no? ¿Estamos sobre la línea de combatir a estos criminales o no? ¿Queremos seguirle dando moral a nuestras Fuerzas Armadas y a nuestra Policía Nacional o no?
Más allá de las posiciones políticas, más allá de lo que digamos aquí en el hemiciclo, en eso se circunscribe el debate. ¿Lo queremos hacer o no? ¿Vamos a estar juntos en esta batalla o no? Ustedes tienen la respuesta. Seguramente ustedes, compañeros y amigos, saben cuál es el lado correcto de la historia. Les invito al otro lado, a ustedes, aquellos que siempre han tenido resquemor en hablar fuerte y claro en contra del crimen organizado, si estamos o no de acuerdo en que el señor Pipo esté detenido, sea extraditado, y sobre todo, si es que estamos de acuerdo, de que nuestras Fuerzas de Seguridad tienen que seguir trabajando con el mismo INCO y con la misma dedicación que han venido enfrentando ahora.
al crimen organizado.
Hasta ahí cito nomás, no digo mucho más porque después se quejan que se les trata mal. Devuelvo la palabra de usted, señor presidente. Muchas gracias.
Tiene la palabra.