a la asambleísta Pamela Aguirre. Muchísimas gracias, presidente. He escuchado con asombro que este no es un debate ideológico y que dejemos de lado nuestra ideología. Eso no va a pasar. Nosotros tenemos una ideología y esos principios son firmes y sólidos, porque la gente que votó por nosotros cuando caminamos las calles nos reclaman si es que no estaríamos votando según nuestra ideología. ¿Qué es el tema ideológico? Según Grancy, la ideología dominante se vuelve el sentido común, lo que cree la mayoría de gente. La ideología es un conjunto de ideas y valores que orientan el accionar político y que orientan al gobierno, a las herramientas de poder. ¿Y por qué este sí es un debate ideológico y que no les asuste, que no les asuste la palabra ideología porque ustedes son de derecha y está bien y nosotros somos de izquierda? Y también está bien, porque en los parlamentos del mundo existen demócratas, republicanos, izquierda, derecha, etc. No podemos despojarnos de nuestra ideología, al menos los de la revolución ciudadana, porque defendemos principios claros. ¿Y qué defendemos en este proyecto de ley? El rol del Estado. ¿Qué rol queremos en el Estado ecuatoriano? ¿Un Estado débil, que todo le entrega al sector privado? ¿O un Estado fuerte? Nosotros defendemos un Estado fuerte, un Estado sólido, un Estado que garantice los derechos económicos, sociales y culturales, entre esos el derecho a la vivienda. El derecho a la vivienda no se le puede delegar al sector privado. Si bien es cierto, el sector privado es fundamental en la construcción de un país, no es el encargado, el obligado y el que debe garantizar que los ciudadanos tengan vivienda. Lo que sí debe hacer un Estado, y ese es el debate ideológico de hoy, es cobrar impuestos. Nosotros no podemos retroceder en el rol del Estado para cobrar impuestos. Los que más tienen, más deben pagar. Y este es un principio ideológico. Quien más tiene, más paga. Quien menos tiene, menos paga. Y un Estado fuerte, que controle la economía, no puede regalar los impuestos de la gente al sector privado. Decirle, usted no pague, para que me regale una o dos casitas. Eso no puede hacer. Lo que tiene que hacer es recaudar el dinero suficiente para poder hacer programas de vivienda, para tener una política pública en salud, en educación, y en todos los sectores económicos, sociales y culturales. El segundo punto que aquí estamos debatiendo es la regulación de la economía. El Estado tiene la obligación de controlar los abusos del mercado. Y este proyecto de ley tiene una preocupación muy grande, que es el rol de las inmobiliarias, el monopolio de las inmobiliarias en la construcción de vivienda social. Utilizando el tema de vivienda social, que obviamente nosotros como Revolución Ciudadana creemos y hemos buscado que exista el pleno acceso a la vivienda, se va a evitar controles por parte de los gobiernos autónomos descentralizados, porque les quitan las competencias, pero también controles por parte del Estado central, entregando a una autoridad para que a dedo decida qué proyectos se construyen y qué proyectos no se construyen. Eso es reducir la capacidad del Estado y hacerle un Estado débil. Y nuestros principios es un Estado fuerte, sólido, que garantice los derechos de la gente. Ya que mencionaron al gobierno de la Revolución Ciudadana, yo únicamente quería enfocarme en el proyecto de ley, tengo que recordar lo que el pueblo ecuatoriano sabe. Y sabe, porque en las urnas tenemos más de 4 millones de personas que nos han apoyado durante estos más de 10 años de persecución, recordar el programa de socio vivienda, que inició con un tema importantísimo, el tema ecológico, Guayaquil ecológico, donde se sacaba a las familias de zonas peligrosas, por ejemplo del estero solado, y lograba la regularización de zonas territoriales. Este proyecto de ley tiene como peligro una construcción masiva de viviendas en lugares no aptos, lo que pone en riesgo el tema ambiental y el derecho al espacio público. También recordarles que el programa socio vivienda de la Revolución Ciudadana llegó a casi 300 mil personas, donde existía un bono de vivienda a través del MIDUBI, un bono económico y pagos mensuales. Estas viviendas fueron viviendas nuevas, bonos de vivienda, mejoramientos de casa, y lo más importante, el tema de los reasentamientos. ¿Cómo se van a controlar los asentamientos irregulares si es que estamos haciendo cada día un Estado más pequeño? También recordarles la importancia del BIES, del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, que mediante una política pública clara, logró créditos hipotecarios masivos. El principal financiista de la vivienda del país fue el Estado y el Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, con viviendas financiadas al 100% y más, y en el caso de que existían créditos, hasta 25 años. El BIES impulsó la vivienda no sólo de las clases populares, sino también de las clases medias. Las clases medias lograron adquirir departamentos, casas, con un endeudamiento que se podía pagar. Y ahí se logró el boom de la construcción. Revisen, señores legisladores y ciudadanía, cuando fue el boom de la construcción en el Ecuador, fue durante los años 2012 en adelante, cuando el BIES se convirtió en el principal financiista de la vivienda. Y por eso les digo, señores asambleístas, que este sí es un debate ideológico y que nadie se opone a que la gente tenga casas. Lo que nosotros estamos debatiendo es quién tiene la obligación de entregar esas casas y qué estamos renunciando como país. Cobro de impuestos, asentamientos arregulares, zonas verdes, para que existan esas casas. Los problemas que hemos visto en este proyecto de ley es un crecimiento habitacional desmesurado, que no se respete el espacio público. Recordemos que la OMS dice que las áreas verdes son fundamentales, al igual que las zonas agrícolas y las protecciones de las zonas nativas, como por ejemplo se ha hecho en Singapur, Ciudad Jardín, edificios verdes, calles, techos, casas, siempre con una política verde. O en Brasil, con una planificación urbana ecológica. Definitivamente nos preocupa la falta de regulación que tendrá este crecimiento habitacional desmesurado. La gente que creyó en nosotros votó por un Estado presente, por un Estado sólido, porque ya vivió durante la Revolución Ciudadana el boom del crecimiento de la construcción, especialmente en obra pública. Por eso, nuestro voto es por la gente, por un Estado sólido, porque se cobren los impuestos a quienes más tienen, porque las casas que tengan las familias sean dignas a través de un Estado sólido, no una caridad. Mi palabra, presidente.