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Silvia Patricia Nuñez Ramos (53%)
Gracias, señor presidente, colegas legisladores, al pueblo ecuatoriano reciban un efusivo saludo desde mi provincia de Zamora, Chinchipe. Hoy esta Asamblea Nacional debate uno de los temas más dolorosos y urgentes que enfrenta el Ecuador, porque cuando un niño es reclutado por las estructuras criminales, fracasa la familia, fracasa la sociedad y fracasa el Estado. Y debemos decirlo con claridad, el crimen organizado ya no solamente se disputa en los territorios, hoy por hoy el crimen organizado está disputando el futuro de los niños, niñas y adolescentes de nuestro país. Durante muchos años hemos pensado que el reclutamiento de menores era una tragedia lejana, propia de otros países, pero hoy esta dura realidad golpea nuestras calles, golpea nuestros barrios, golpea nuestras escuelas. Nuestros niños, niñas y adolescentes están siendo utilizados por redes criminales para transportar droga, para vigilar rutas, para almacenar armas, para extorsionar y peor aún, para integrarse progresivamente a estas bandas delictivas. Y lo más grave es que muchas de las veces estas organizaciones criminales buscan de manera preferente a quienes se encuentran en mayor estado de vulnerabilidad. Buscan a niños, a niñas y adolescentes que viven en pobreza, en abandono, violencia intrafamiliar y con falta de oportunidades. Como amazónica, esta triste realidad me duele y me duele profundamente porque conozco de cerca la realidad de muchos jóvenes que viven enfrentando enormes desigualdades, limitado acceso a la educación, al empleo, a la atención integral. Queridos colegas asambleístas, cuando el Estado llega tarde, quien llega primero lamentablemente es el crimen. Y este es el verdadero peligro que debemos enfrentar juntos, dejando de lado cualquier diferencia o ideología política. Por eso este proyecto de ley no puede verse únicamente como una reforma penal. Este proyecto de ley es una respuesta ética, social y humana, frente a una gran amenaza que está destruyendo la vida desde temprana edad. Porque ningún niño nace para servir al crimen, ningún adolescente sueña con convertirse en pertenecer a una banda delictiva. Detrás de cada menor reclutado siempre hay una historia dolorosa de abandono, de exclusión y de desesperanza. Y aquí es donde debemos actuar con firmeza, con total frontalidad, porque necesitamos fortalecer sanciones y mecanismos de protección. Pero también necesitamos la prevención que sea real. Necesitamos escuelas seguras, más deporte, cultura y mejores oportunidades. Compañeras y compañeros legisladores, no podemos normalizar que los adolescentes terminen convertidos en instrumentos de violencia. No podemos aceptar que las estructuras criminales sigan utilizando la pobreza como mecanismo de reclutamiento. Y no podemos permitir que el miedo termine arrebatándole la infancia a toda una generación. Esta ley representa un paso muy importante porque reconoce algo fundamental, que nuestras niñas, niños y adolescentes no son únicamente cifras estadísticas, son víctimas y víctimas de redes criminales que destruyen proyectos de vida desde que ni siquiera aún comienzan. Hoy, en esta Asamblea Nacional, tenemos una gran responsabilidad moral y política, porque no solamente hemos venido aquí a legislar, hemos venido a enviarle un mensaje firme al Ecuador, que esta Asamblea Nacional no abandona a la niñez frente al crimen organizado, porque defender a nuestros niños es también defender el futuro de nuestra nación. Como mujer, como madre y como legisladora, creo profundamente que ningún niño merece vivir en esas condiciones, que ningún territorio del Ecuador debe convertirse en tierra fértil para el reclutamiento infantil. Por eso, mi respaldo a esta ley es firme y felicito a la comisión donde se aprobó esta importante iniciativa, porque proteger a nuestros niños, a nuestras niñas, a nuestros adolescentes, no es una opción política, compañeros, es una obligación moral de nosotros los asambleístas y del Estado ecuatoriano. Muchas gracias por el uso de la palabra.