Presidente, gracias, buenos días, un saludo a todas las personas que siguen esta sesión a través de los canales oficiales de la Asamblea Nacional, organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación, gente de Quito, del norte de Quito, mi ciudad, donde tiene alcalde, Quito tiene alcalde. Gracias por confiar en nosotros, en nuestro proyecto político con su voto. Señor Presidente, con su veña, hoy me voy a dirigir sobre todo y en especial a las mujeres de esta Asamblea Nacional. Más allá de la bandera política que cada una representamos, he decidido presentar este cambio del orden del día porque considero importante reconocer la lucha de las mujeres, de nuestras ancestras, que hoy tienen aquí a 66 mujeres asambleístas formando parte de este Palacio Legislativo.
Pero también me permití presentar este cambio del orden del día porque creo que como mujeres no podemos guardar silencio ante el impacto negativo que puede tener el fusionar el Ministerio de la Mujer con el Ministerio de Gobierno. Lograr una institucionalidad que garantice la igualdad no es una lucha reciente, tiene varias décadas. Es el resultado del esfuerzo y de la resistencia del movimiento de mujeres. En los años 70 nació el Departamento de la Mujer. En los años 80 se creó la Oficina Nacional de la Mujer dentro del Ministerio de Bienestar Social.
En el año 2008 la Constitución de la República dio paso a los Consejos de Igualdad. En los 90 el Consejo Nacional de la Mujer, el CONAMU, que todas recordamos. En el 2014 con la lucha del movimiento de mujeres logramos que se tipifique el delito de femicidio en el Código Integral Penal y lideramos el Plan para Erradicar la Violencia contra las Mujeres. Un hecho brutal y doloroso obligó al Estado ecuatoriano a crear el Ministerio de la Mujer y con esto no solamente a continuar con las políticas de inclusión y de igualdad, sino también para fortalecer la atención integral a las víctimas y reivindicar con acciones concretas los derechos de todas las mujeres.
El Ministerio de la Mujer no es un invento ni un capricho del movimiento feminista. Responde a una necesidad urgente y real en un país en el que una mujer es asesinada cada 21 horas de acuerdo a los datos de la Fundación Aldea. La experiencia de países como Chile con el Ministerio de la Mujer, como Colombia con el Ministerio de la Igualdad, Perú con el Ministerio de la Mujer, México con la Secretaría Nacional de Mujeres, Panamá con la Secretaría de la Mujer, como para citar algunos ejemplos de América Latina y el Caribe.
En otros países, Francia, España, Alemania, también cuentan con una institucionalidad propia y presupuesto propio. Esto nos demuestra que contar con una institucionalidad sólida, con competencias claras y presupuesto no es un lujo, es una condición indispensable para garantizar la igualdad, la protección y los derechos de las mujeres. Existen proyectos que representan verdaderos hitos dentro del Ministerio de la Mujer. Por ejemplo, la atención a víctimas de la red de las casas de acogida, por ejemplo, el Plan Nacional para la Erradicación de la Violencia a la Mujer, por ejemplo, el Registro Único de Víctimas de Violencia, el sistema de prevención temprana de femicidios.
Estos avances no pueden sacrificarse en medio de procesos de reestructuraciones administrativas. Sólo una institucionalidad fuerte, con respaldo económico, con decisión política, puede garantizar su continuidad y su efectividad. ¿Cómo podemos decir que protegemos los derechos de las mujeres cuando precisamente aquellas instituciones dedicadas a esta tarea se ven funcionadas con otras, que pueden ser importantes, pero que no tienen el enfoque de derechos como debe tener el Ministerio de la Mujer? Bueno, confío en que esta moción será aprobada con el apoyo de las mujeres de esta Asamblea, para que el Ejecutivo reconsidere la laminación del Ministerio de la Mujer y su fusión con el Ministerio de Gobierno, tal como se lo hizo con el principio de la paridad en el Código de la Democracia.
Mujeres asambleístas, una vez más, seamos parte de la solución y no de la discusión con Mujeres Unidas, democracias fortalecidas. Sí al Ministerio de la Mujer, sí a la prevención de la violencia, a la justicia, al presente y al futuro de las mujeres ecuatorianas. Mi palabra, señor presidente.