la palabra la asambleísta Anabella Asim. Señor Presidente, compañeros asambleístas y queridos jóvenes del Ecuador, hay algo que todos compartimos al final del día, más allá de nuestras diferencias políticas, y eso es que queremos que a nuestros hijos les vaya mejor que a nosotros, que tengan mejores oportunidades que nosotros, que cometan menos errores de lo que nosotros cometimos. Entonces, hoy en este pleno, los padres y madres de familia nos preguntamos qué herramientas les estamos dejando a nuestros hijos para enfrentar la vida real. Los que somos padres creemos casi siempre que educar es solamente enseñar a estudiar, a trabajar, a soñar, pero hay algo más importante, que es la importancia de enseñar a decidir bien, que quizás no la valoramos mucho, pero que hoy la traemos a este pleno. Decidir cuándo gastar, decidir cuándo ahorrar, decidir en quién confiar y cuándo decir que no. Estimados jóvenes, hoy me permito darles un consejo sencillo. No todo lo que parece fácil conviene, no todo crédito es una oportunidad, y cada decisión financiera trae consecuencias. Por eso esta ley no solamente trata de números, trata de economía, sino trata de tener un conocimiento oportuno para poder decidir bien y construir un futuro con dignidad y seguridad. La ley orgánica de la educación financiera representa un paso firme hacia un Ecuador donde el conocimiento no sea un privilegio, sino una herramienta para todos. Quiero empezar por felicitar a la comisión, a todas aquellas personas que trabajaron comprometidamente para impulsar esta iniciativa, al asambleísta Juan José Reyes, puesto que este tipo de propuestas demuestran que cuando pensamos en el país a largo plazo, estamos sembrando oportunidades reales. Esta ley parte de una visión clara. La educación financiera no es solamente aprender a ahorrar, es entender cómo funciona el crédito, cómo invertir, cómo protegerse de fraudes, cómo planificar la vida económica. Es en esencia formar ciudadanos capaces de tomar decisiones informadas. Y aquí quiero hacer un énfasis en un punto técnico de la ley. Esta normativa no solamente incorpora la educación financiera como un contenido más, como una materia. La establece como un eje transversal, progresivo y articulado en todo el sistema educativo, desde la educación inicial hasta la educación superior. ¿Y esto qué significa? De que no será una materia más, sino una continuación, una continua educación que se adaptará a la edad, al contexto, a la realidad de cada estudiante, que incluirá también metodologías prácticas, no solamente teoría. Y estará articulada entre el sistema educativo y el sistema financiero. Debemos tomar en cuenta que no es lo mismo enseñar finanzas en una gran ciudad que en una comunidad rural. Lo mismo no es hablar sobre crédito a un adulto que a un adolescente que recibe por primera vez su ingreso. Esa ley entiende esa diversidad. Hay otro elemento técnico que considero que es clave. La ley fortalece la estrategia nacional de educación financiera, dándole continuidad y respaldo legal, evitando que todos estos esfuerzos que estamos haciendo ahora dependan del gobierno de turno. Compañeros, este proyecto también se conecta en un momento importante que vive el país. Hoy vemos los grandes esfuerzos que hace el gobierno nacional para ampliar el acceso a crédito, especialmente a las mujeres y a los jóvenes. Programas como el Credo Piam, orientando a impulsar oportunidades para los jóvenes. O si no, la iniciativa Mitimiti y Credicasa, que buscan facilitar el acceso a una vivienda. Estos son ejemplos claros de una política pública que apuesta por el desarrollo. Pero hay algo que debemos decir con claridad. El acceso al crédito sin educación financiera puede convertirse en un pierro. En cambio, el acceso al crédito con educación financiera se convierte en una oportunidad. Ahí está el valor de esta ley. Además, esta ley tiene también un impacto profundo en la reducción de las desigualdades. Y quiero detenerme nuevamente para hablarle a los jóvenes que nos están escuchando. Ustedes que están empezando a construir su futuro. Esta ley es para que no tengan que aprender de errores costosos, para que puedan emprender con seguridad, para que entiendan el valor de su esfuerzo y para que sepan que cada decisión financiera cuenta. Compañeros asambleístas, este proyecto no crea estructuras innecesarias ni tampoco una carga fiscal adicional, sino que aprovecha el sistema educativo existente para integrar estos conocimientos de manera progresiva y eficiente. Porque los resultados de esta ley no se verán mañana, pero se sentirán en los próximos años, en que cada joven, en cada joven que emprenda, en cada familia que planifique mejor, en cada ciudadano que tome decisiones con conciencia. Este es el tipo de legislación que construye el país. Con convicción, con responsabilidad y con esperanza, anuncio mi respaldo a esta ley orgánica de educación financiera. Porque educar también es proteger. Hasta aquí mi palabra, señor presidente.