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Rosa Alegría Torres Cadena (100%)
Muchas gracias, señora Presidenta, señoras y señores asambleístas. El sistema de justicia atraviesa una de las peores crisis de la historia. Y no lo decimos únicamente desde la percepción ciudadana. Lo decimos porque durante años la corrupción, la impunidad y el crimen organizado lograron infiltrarse en estructuras que debían proteger a los ecuatorianos. Eso explica por qué hoy una madre siente miedo al denunciar. Por qué hoy un comerciante siente que está solo frente a una extorsión. Por qué hoy un ciudadano piensa dos veces antes de acudir a la justicia. Y por qué miles de ecuatorianos sienten que el delincuente entra por una puerta y sale por otra. Esa es la dura realidad que está viviendo el Ecuador. Y este debate debe empezar con una verdad sumamente incómoda. Y es que la justicia no puede seguir siendo vulnerable frente a las mafias. Porque este problema no es jurídico, no es solamente jurídico. Es humano, es social y afecta todos los días la vida de millones de ecuatorianos. Porque cuando la ciudadanía empieza a perder la confianza en la justicia, empieza a también perder la confianza en el Estado. Y cuando un país deja de creer en la justicia, lo que empieza a crecer es el miedo, la impunidad, y el que gana siempre será el crimen organizado. Por eso, esta reforma nace de una realidad que el Ecuador ya no puede ignorar. Nace desde la Policía Nacional que arriesga su vida todos los días para prender a delincuentes y que en un par de horas los vea afuera en las calles. Nace de la mujer víctima de violencia que abandona un proceso porque siente que nadie le responde ni le atiende. Nace de las familias que esperan años sentencias mientras los procesos se acumulan y lamentablemente la justicia no llega. Y frente a eso, el país exige respuestas. No discursos vacíos, no reformas superficiales. Por eso, esta reforma, esta propuesta, plantea una transformación integral al sistema de la administración de justicia. El primer eje establece un blindaje ético al sistema de la administración de justicia. Pero me pregunto y nos preguntamos por qué es tan necesario volver a hablar del sistema ético-judicial. ¿Por qué este país ha sido testigo de casos donde operadores judiciales terminaron vinculados directamente con redes criminales? Estructuras de corrupción o decisiones que nos han indignado y defraudado a los ecuatorianos. Porque la corrupción judicial no solamente destruye procesos, destruye la confianza de todo un país. Por eso, esta reforma propone pruebas de confianza, controles patrimoniales y mecanismos de vigilancia ética para áreas sumamente sensibles en el sistema judicial. Y quiero decir algo con absoluta claridad. Esta reforma no es contra los buenos jueces. Esta reforma es para proteger a los buenos jueces de quienes han manchado el nombre de la justicia ecuatoriana. Porque también hay jueces buenos. Porque también hay jueces honestos. Hay fiscales valientes, servidores judiciales correctos que hoy, el día de hoy, trabajan bajo amenazas, bajo presión y bajo un sistema judicial profundamente debilitado. El segundo eje fortalece la transparencia de la justicia. Porque una justicia cerrada alimenta la desconfianza ciudadana. Y la gente, el ecuatoriano, tiene derecho a conocer cómo se están tomando las decisiones judiciales. Y a sentir que la justicia no opera a las espaldas del país. Por eso esta reforma fortalece la publicidad de las audiencias, el acceso ciudadano y la transparencia en la información judicial. El tercer eje aborda uno de los temas que más indignación generan en verdad en las calles. Y es las medidas cautelares. Las famosas y dichosas medidas cautelares. Porque el sentimiento actual del ecuatoriano es uno solo, es indignación. ¿Cómo es posible que los criminales que causan terror en nuestros territorios acumulen entradas y salidas en el sistema judicial? Mientras las víctimas viven con temor, sin poder caminar tranquilos, cerrando sus negocios con miedo de ir a sus trabajos o incluso de mandar a sus hijos a la escuela. Las medidas cautelares deben manejarse con criterios técnicos, objetivos, pero sobre todo transparentes. Por eso esta reforma crea estas unidades de servicios judiciales que permiten evaluar adecuadamente el riesgo procesal y fortalecer las decisiones sustentadas técnicamente. Aquí voy a hablar muy claro, y es que la meta siempre fue una sola. Desde el julio del 2025 se presentó esta reforma al Código Orgánico de la Función Judicial, donde se pretende cambiar más del 50% del Código, porque éramos conscientes que para solucionar los problemas reales de la ciudadanía necesitábamos cambios estructurales. Y ese fue nuestro compromiso, transformar la realidad del sistema de administración de justicia. Y uno de los puntos fundamentales de esta reforma es justamente los concursos de la función judicial. Y aquí va un número preocupante y alarmante para los ecuatorianos, y es que durante más de seis años en el Ecuador ha visto concursos fallidos, procesos suspendidos y autoridades prorrogadas, pero sobre todo una desinstitucionalización que cada año se ha ido lamentablemente debilitando. Esto abrió definitivamente un espacio para la desconfianza ciudadana en el sistema de administración de justicia, porque cuando las reglas no están claras, no están establecidas en la ley, siempre aparecen estas sospechas donde se quiere influir, manipular, o incluso aún peor, meterle la mano a la justicia. Pero esta reforma toma una decisión de fondo, normar los concursos judiciales directamente en la ley y quitar la discrecionalidad del Consejo de la Judicatura para así poder fomentar y fortalecer el sistema de la administración de justicia. Para que nadie, absolutamente nadie, pueda cambiar las reglas según las conveniencias políticas. Y nuevamente, quiero decirlo con profunda claridad, cuando las reglas quedan establecidas en la ley, ya no dependen de voluntades políticas, dependen de un Estado de Derecho. Y esta iniciativa, me complace decirlo públicamente, ha sido de esta bancada, de la bancada de Acción Democrática Nacional, porque el país necesita instituciones más fuertes, el país necesita instituciones transparentes y menos vulnerables a los intereses particulares. No podemos seguir teniendo un sistema donde cada concurso termina, o cuestionado, o suspendido, o incluso judicializado. Porque detrás de cada vacante sin llenar, hay audiencias demoradas y, sobre todo, ciudadanos esperando respuestas, víctimas esperando protección y familias esperando justicia. El quinto eje reorganiza administrativamente el Consejo de la Judicatura para construir una estructura moderna, eficiente, pero sobre todo, menos burocrática. El sexto eje fortalece el régimen disciplinario. El séptimo impulsa la transformación tecnológica y el expediente electrónico. El octavo fortalece la escuela de la función judicial para preparar mejor aquellos perfiles que van a formar parte de los próximos administradores de justicia. Y finalmente, el noveno, fortalece a los juzgados de paz, acercando a la justicia y al ciudadano. Y así resolviendo los conflictos cotidianos de cada día. Señoras y señores asambleístas, esta reforma tiene la valentía de iniciar una transformación que el Ecuador lleva años esperando. y para mí no solo es un proyecto de ley más, es un compromiso profundamente personal que el día de hoy es expuesto en esta Asamblea Nacional, pero que viene de conocer una realidad, de palpar una realidad de cada uno de los ecuatorianos. Y quiero dejar un mensaje también, aprovechando esta ponencia, hacia todos los compañeros legisladores. Y es que el ecuatoriano no entiende de disputas, no entiende de peleas de aquí, en el Pleno de la Asamblea Nacional. Pero les voy a decir que sí entiende el ecuatoriano, entiende de soluciones, de nosotros como asambleístas generar soluciones reales, medibles, tangibles para los 18 millones de ecuatorianos. Y también agradecer a los integrantes de la Comisión de Justicia, porque han demostrado la madurez política y que nuestra prioridad siempre será salvaguardar los intereses y los derechos de los 18 millones de habitantes que representa este país. Hasta aquí mi palabra, señora Presidenta. Muchísimas gracias.