Asambleísta Roberto Cuero. Muchas gracias, Presidente. Saludos cordiales al país. Saludos cordiales a mis colegas asambleístas. Presidente, quien no reconoce de dónde viene, difícilmente sabe para dónde va. Yo soy un hombre que viene de los sectores populares, urbanos, marginales. Mi padre y mi madre, allá por el 60, decidieron trasladar a toda su familia a Guayaquil, a buscar mejores días. Obviamente con la idea de encontrar espacios en los colegios, en las escuelas, en las universidades, para obviamente también mejorar nuestra condición de vida. Migramos mucho, ¿no? A mucha gente le ha pasado lo mismo.
Por eso hoy quiero hablar con el conocimiento y la calidad moral que me da el haber vivido en esos sectores. No voy a discrepar con mis colegas asambleístas, porque yo estoy de acuerdo que hay que plantear algunas cuestiones importantes y radicales, si cabe el término, para mejorar la condición de inseguridad en nuestro país. Todos estamos siendo víctimas de este problema. Para esto quisiera, Presidente Consuvenia, dar algunos datos estadísticos de este mal que está quejando a nuestro país, que es adolescentes infractores, y ya no solamente adolescentes infractores, porque una cosa es el chico que puede robar una gallina o algo para comer, eso es una cosa.
Lo otro es que estos jóvenes caigan en crimen organizado y cometan delitos execrables, que son obviamente juzgados por la condición que estos chicos tienen. Yo no voy a refutar lo que han dicho otros colegas. No se está hablando aquí de que se están incrementando las penas a estos jóvenes porque están amparados por la Constitución, y eso está, en teoría, está bien. Estamos hablando de que la idea es incrementar las penas a quienes los reclutan. El caso de Alias Boquita, en Santo Domingo, ustedes saben, un caso que se escuchó a lo largo y ancho del país.
El caso de los gatilleros de la zona 8 de Guayaquil y Dudán y San Burundón. Jóvenes, pequeñitos, 13, 14, 16 años, que no solamente roban, cuidado, matan, asesinan. El aeropuerto de Guayaquil, el 17 de junio de 2026. Este fue un caso emblemático, ¿no? Porque eran dos chicos que llegaron a esperar a alguien que se bajaba de un avión y llegaron con flores, ustedes deben recordarlo, ¿no? Chicos jovencitos, 15, 16 años. Centro de Guayaquil, 22 de junio de 2026. Casos con sentencia en Cuenca, en Guaranda, Bolívar, Cixos, Cotopaxi, etcétera, etcétera.
Quiero ahora ingresar a una estadística que un poco grafica el número de jóvenes que están en esto, ¿no? Un dato que me acaban de pasar mi equipo. Cifra consolidada de aprehensiones y aislamientos de menores. Según los registros estadísticos de la Dirección Nacional de Policía, especializada para niños y niñas y adolescentes, INAPEN, y el Ministerio del Interior en los últimos dos años, periodo 2023, hasta el 2025, se han registrado más de 4.300 aislamientos a aprehensiones de menores de edad en Ecuador, por supuestos vínculos con diversos delitos.
4.300 chicos. Eso es una cifra brutal. Año 2023, alrededor de 2.250. Año 2024, en el marco del conflicto armado interno, las aprehensiones de menores superaron los 2.500 casos. Y aquí un desglose de los delitos típicos, ¿no? O los delitos por los cuales se les ha individuado a estos chicos. De acuerdo con los datos operativos de la Policía Nacional y del Observatorio Ecuatoriano del Crimen Organizado, homicidios y sicariatos. Esta cifra, aterrador. 850 a 900 casos en 2 años. Jóvenes vinculados con asesinatos. Repito, 800 a 900 casos en 2 años.
Porta y tenencia ilegal de armas de fuego, tráfico de drogas, hay 42% de estas cifras. Extorsión, secuestros, 16%. Hay más datos, pero en realidad es inoficioso dar tantos datos porque todos los días los vemos en los medios de comunicación, en las redes sociales, etc. Yo quiero ir más allá, colegas, a los que eventualmente creen que del lado de acá no se está entendiendo la cosa, se la está entendiendo y bien. Yo particularmente, esto es un criterio personal de Roberto Cuero, yo creo que a un niño de 11, 12, 13, 14, 15 años que asesina, no se lo debe tratar como un niño de 12, 13 años que se roba una gallina.
Cuidado con eso, compañeros. Yo creo eso, ese es mi criterio personal. Yo creo que a ese joven hay que atenderlo de una manera integral, completamente distinta, a aquel joven que roba para comer. Al inicio de esta conversación, he escuchado una serie de argumentaciones y yo inicié diciendo que yo vengo de barrio. Es muy doloroso ver a madres, a padres, a abuelos, a hermanos, cómo se les desgarra el alma y el corazón viendo que hay chicos que ya no los pueden controlar. Porque los han reclutado o porque también han caído en drogas.
Que ese es un tema extremadamente sensible también. Yo no tengo problema con eso, compañeros, porque lo he visto, lo vengo viendo permanentemente. Mi problema está en el enfoque de esta norma. Este enfoque es un enfoque represivo. Si tú le incrementas las penas a los reclutadores, eventualmente podrás, entre comillas, sostenerlos un poquito más de tiempo a esta gente. Pero no vas a resolver el problema. Y quiero poner una analogía en ese caso. Estados Unidos hoy por hoy se golpea el pecho diciendo que tiene una lucha frontal en contra del narcotráfico y el crimen organizado.
Hace interdicciones marítimas, invade países, saca gente, saca presidentes y dice que está luchando en contra del narcotráfico y el crimen organizado. Estimados colegas, 2021, alrededor de 1.700 toneladas de droga llegaba hacia esas latitudes. 2.026, 3.700 toneladas de droga llega a esas latitudes. Eso que Estados Unidos dice gastar en contra del narcotráfico y del crimen organizado, les pregunto, ¿lo está gastando en consumo? Porque si incrementa la cantidad de droga hacia ese punto, significa que hay más gente que está consumiendo droga. ¿Cuánto está interviniendo, cuánto está metiendo Estados Unidos en su mismo país?
¿Cuánto está gastando Estados Unidos en su mismo país para controlar el consumo, para tratar a la gente que consume, esos jóvenes adictos que tienen? ¿Cuánto está gastando? Es decir, el enfoque cambia. Está bien que trabajes en el tema de reclusión, está bien que trabajes en el tema de interdicción, todo está bien. Pero, ¿cuánto estás gastando en prevención? Es ahí donde quiero cuestionar esta norma, estimados colegas. De nada va a servir normativas que casi, casi rayan en populismo penal. De nada va a servir si no se trabaja en prevención.
El Estado central, conjuntamente con el Estado local, debe trabajar en una política pública que prevenga estas situaciones. Que vaya a los territorios, que hable con la gente, que se meta en los barrios populares, urbanos, marginales, que se meta en la territorialidad, que vaya a los lugares donde hay estos problemas y trate de aminorar este asunto. Esta política pública implica desplegar todo en el territorio nacional, todo el frente social, esto no es solamente de una norma, compañeros. Tal vez ustedes dirán, ustedes critican todo, terminarán votando no, no están de acuerdo con nada.
Compañeros, lo hablo con la humildad de mi caso particular. Yo vengo de esos sectores y he ocupado espacios importantes en la vida de mi provincia, la provincia que me acogió. Hablo de Guayas. Y créanme en que no se trata del asunto normativo. Ese no es el punto central, no es el punto neurálgico. Se trata de ver qué política pública va hasta el territorio y extrae este caldo de cultivo que son estos jóvenes en riesgo para el crimen organizado. He visto algunos reportajes de un canal de televisión prestigioso de varias acciones.
esas acciones deben multiplicarse por cien, por mil en todo el territorio nacional. Ahí podremos en realidad, compañeros, no venir acá a darnos golpes de pecho y decir tú eres mejor o yo soy peor. Ese no es el punto. Ahí tendríamos una salida a este problema. Les reitero, el enfoque, puse el ejemplo de Estados Unidos. ¿Cuánto está gastando Estados Unidos en prevención de los adictos que tiene? Ese mismo enfoque, ese mismo enfoque debe aplicarse a esta norma, Presidente. Ese mismo enfoque debe aplicarse a tratar de resolver este problema que tenemos en nuestra provincia.
Muchas gracias, Presidente. Gracias, Asamblevista.