Compañeros legisladores, un saludo especial a todo el pueblo ecuatoriano que nos ve y nos escucha a través de los medios oficiales de la Asamblea Nacional y un saludo fraterno a mi querida provincia de Orellana, sobre todo a los cantones que este mes están de fiestas, al Cantón Loreto y al Cantón Joya de los Hachas. Yo creo que hablar de la Amazonía no es sólo decirla desde la comodidad de una curul, sino hablar desde la esencia de haber compartido la necesidad con nuestras comunidades. Y si voy a coincidir con una parte del discurso del compañero Fernando Nantipia, cada quien como representante de nuestras provincias amazónicas queremos hablar de lo que significa y todos coincidimos en que la Amazonía es una de las fuentes de mayor riqueza del país.
Nuestra Amazonía ocupa más del 40% del territorio nacional, es la responsable de sostener el agua y el cambio climático del país. Y a esto es importante traer sobre este pleno un dato bastante preocupante. Desde el año 2001 hasta el año 2020, 623.510 hectáreas de bosque han sido deforestadas. ¿Qué quiere decir? Alrededor de 31 mil hectáreas por año y por hora, escuchen bien, por hora equivale a cinco canchas de fútbol que se deforesta. Es decir, cada hora que pasamos en este pleno debatiendo, perdemos cinco canchas de bosque.
Un estudio de Inavio y de la Udla advierten que el 41% de árboles endémicos de la Amazonía se encuentran en un proceso de extinción y el 21% de las áreas boscosas donde fueron registradas estas especies ya están deforestadas. Son árboles que no existen en ningún otro lugar del mundo y solo cuando caiga el último árbol no habrá ni ley ni presupuesto que nos devuelva esta vegetación. Y qué importante es alzar la voz como amazónica, como orellanense, porque de los diez cantones con mayor deforestación del país, mi provincia a la que represento cuenta con tres.
Francisco de Orellana, uno de los cantones con mayor deforestación, seguido por Loreto y por Joya de los Hachas. Y es precisamente este dato el que no me lleva a hacer un reproche, sino más bien me lleva a levantar la voz por mis cantones, porque quien más pierde debe ser el primero en recibir las herramientas necesarias para poder defenderse. Desde Orellana, como muchos conocen, y una tierra por la cual hablo con tanto orgullo, con tanta pasión, con tanto amor, porque nací ahí, porque no puedo decir que soy orellanense cuando solo llegué.
Y desde Orellana todos conocemos que tenemos el Parque Nacional Yasuní, que es Reserva Biósfera de la UNESCO, uno de los lugares con mayor biodiversidad biológica del mundo, donde en una sola hectárea se han registrado más de 650 especies de árboles, más que lo que requiere en todo el territorio norteamericano. Y ese es el lugar donde viven nuestras nacionalidades guauranes y nuestros pueblos no contactados como los tagaeri y los taromenani. Pérdida silenciosa que no se registra en las estadísticas y es los árboles que ya no se siembran.
Nuestras chacras ya no siembran lo que sembraban sus padres, porque simplemente ya no se da. Porque cuando la lluvia llega antes de tiempo o llega tarde, la floración se adelanta y el fruto simplemente ya no crece. Este agricultor que dejó de sembrar no está haciendo una denuncia, está reportando un dato que hoy nadie lo registra. Por eso esta reforma crea la Agencia Nacional de Investigación, Desarrollo e Innovación Climática y ratifica el mandato de elaborar un mapa nacional de vulnerabilidades. Porque lo que no se mide, simplemente no se puede financiar.
Y es cierto que tenemos una constitución que reconoce los derechos de la naturaleza. Pero un artículo no va a detener una motosierra, ni va a apagar un incendio. No repone un bosque ni atiende una familia que lo ha perdido todo. Es decir, una constitución no ha sido suficiente. No ha sido suficiente para los que realmente estamos en las comunidades, para los que realmente somos amazónicos. No hemos visto un beneficio de una constitución en territorio. Y lo que ha faltado son herramientas, instituciones que se coordinen, información confiable, reglas claras y financiamiento que llegue al territorio.
De eso se trata la reforma que hoy debatimos. Porque el proyecto de ley orgánica reformatoria al Código Orgánico Ambiental tiene como propósito fortalecer la institucionalidad climática del Estado e incorporar mecanismos de mitigación y adaptación al cambio climático. Desarrollar instrumentos de monitoreo, reporte y verificación. Regular mecanismos de cooperación climática y facilitar el acceso de nuestro país al financiamiento internacional destinado a proyectos ambientales. Que gana Orellana, y no solo quiero hablar como orellanense, que gana la Amazonía, que gana el país. Y es una silla en la mesa donde se decide.
El Comité Institucional de Cambio Climático incorpora también a los gobiernos locales con voto en las decisiones que involucran competencias concurrentes. Las decisiones climáticas dejarán de tomarse desde un escritorio, solo desde la capital, sino desde un territorio que entiende esta necesidad de ser escuchados. Protección, salvaguardias obligatorias, la consulta previa, libre e informada. Y la regla que ningún memorándum ni contrato entre particularidades pueden autorizar por sí solos el uso de resultados de mitigación generados de nuestro territorio. Y en una provincia donde ya circulan ofertas de proyectos de carbono, esto protege a nuestras comunidades.
El financiamiento con destino verificable. Sin seguridad jurídica no hay financiamiento. Y sin financiamiento la conservación termina pagándola el campesino amazónico con su propia pobreza. Y el abordaje a las pérdidas y daños. Algo que Orellana y puedo coincidir en todos los compañeros amazónicos lo necesita hace muchos años. Por ejemplo, en febrero, el desbordamiento del río Indiyama afectó a muchas viviendas de la parroquia de Taracoa. Desde el año 2020, la erosión del río Coca ha avanzado mucho más de 80 kilómetros, afectando a más de 25 mil personas.
No todas las pérdidas tienen un mismo origen, pero todas se encuentran al mismo estado. Sin metodología para medir el daño, sin registro para documentarlos y sin financiamiento para responder. Y hay una razón más de justicia elemental, como orellanense, alzo la voz por mi provincia, que tenemos el Campo Sacha, uno de los más grandes y productivos del país, que por más de cinco décadas ha sostenido la economía del país. No podemos ser los últimos, tenemos que ser los primeros. Y la política climática debe traducirse en agua segura, envío emprendimientos, en empleo digno y en el desarrollo para quienes cuidan del bosque.
Por eso, anuncio mi voto a favor de este proyecto de ley. Porque no solo puedo sentarme desde la comodidad de una curula a decir no, cuando los que hemos caminado en las comunidades sabemos de las verdaderas necesidades. Muchísimas gracias.