Señor Presidente, compañeros asambleístas, hermanos manavitas y ecuatorianos que nos ven a través de los medios oficiales, buenos días. Bueno, me presento, soy Guadalupe Vélez, en mi tierra me conocen como Lupita, vengo de la hermosa provincia de Manaví. Y hoy tengo el honor de representar en esta intervención a nuestro asambleísta principal, Diego Franco. Quiero comenzar manifestando mi profunda gratitud por la oportunidad de servir al país desde la Asamblea Nacional. Y comentarles que creo firmemente que cada oportunidad que se nos presenta en la vida tiene un propósito.
Y que lo verdaderamente importante de este propósito es utilizarlo para aportar, para generar cambios positivos y dejar huellas que trasciendan. Es por eso que hoy quiero dedicar esta intervención para hablar sobre una causa que debe unirnos independientemente de cualquier postura política que pueda tener de manera general esta Asamblea Nacional. Una causa que es la más importante de todas, el bienestar de nuestras familias ecuatorianas y el futuro de nuestros niños. Hoy debatimos un proyecto de ley que nos invita a reflexionar sobre una realidad que no podemos ignorar.
¿Cómo es posible que existan alimentos aptos para el consumo humano que terminan desperdiciándose mientras muchas familias ecuatorianas en el día a día enfrentan el gran desafío de no poder llevar el alimento a sus hogares? Como madre y como mujer vinculada a la educación, esta realidad me preocupa profundamente. Porque detrás de cada familia que presenta dificultades alimentarias existe una historia, existen sacrificios y sobre todo existen niños cuyo futuro puede verse afectado sobre realidades que ellos no escogieron y nunca eligieron. Desde esa perspectiva considero importante analizar los aportes que brinda esta propuesta de ley.
En primer lugar, destaco que esta reforma busca garantizar que los alimentos donados lleguen de manera gratuita a quienes verdaderamente lo necesitan. Para ello, el proyecto prohíbe venderlos, intercambiarlos o destinarlos a fines distintos de la ley. Y como aquí lo decía nuestro compañero asambleísta Andrés, que se puedan cortar todos aquellos malos negociados, de aquellos oportunistas que se han aprovechado de esta dura realidad que viven las familias. Además, contempla una mayor atención a los niños, niñas, adolescentes, adultos mayores en estado de vulnerabilidad alimentaria. Como madre considero fundamental que la solidaridad se traduzca en ayuda a que lleguen nuestras familias sin que tengan que pagar un solo centavo por recibirlos.
En segundo lugar, considero fundamental que los alimentos donados sean seguros para el consumo humano. El proyecto exige que cumplan las condiciones sanitarias de conservación y de transporte. Esto significa que debemos de cuidar los alimentos durante todo su recorrido, desde que se reciben hasta que llegan a las personas que lo necesitan. Porque la solidaridad debe de traducirse en ayuda verdadera, de transparencia, con responsabilidad y sobre todo con respeto a la dignidad de las personas. Y en tercer lugar, quiero destacar la participación de los gobiernos autónomos descentralizados.
Bien nos decía nuestra colega asambleísta, Becibel, de que no es lo mismo hablar de grandes puntos de almacenamiento, de alimentación, que aterrizarlos a la realidad territorial. En mi querida Manaví conocemos como nuestras familias de agricultores, pescadores y de quienes trabajan diariamente para que los alimentos lleguen a nuestras mesas. Por eso considero importante acercar estos esfuerzos a nuestras comunidades. La reforma dispone que para habilitar puntos temporales de acopio, los gobiernos locales deberán contar previamente con un convenio con una organización receptora registrada. Pero quisiera detenerme en un aspecto que considero especialmente importante, la relación entre la seguridad alimentaria y la educación.
Compañeros asambleístas, la alimentación y la educación van de la mano. Una alimentación adecuada contribuye a la salud y al bienestar integral de nuestros niños, generando mejores condiciones para su aprendizaje. Por eso considero que esta reforma representa un aporte importante dentro de los esfuerzos que debemos seguir impulsando como país para mejorar la calidad de vida de las familias ecuatorianas. Sabemos que los desafíos sociales requieren acciones conjuntas, políticas públicas que se complementen entre sí. Esta iniciativa contribuye a ese propósito, aprovechar mejor los alimentos, reducir sus desperdicios y facilitar a que lleguen de manera segura y gratuita a quienes más lo necesitan.
Desde la educación también podemos seguir sumando y aportando a este proyecto, generando una conciencia sobre los no desperdicios y que a través de nuestros niños y niñas puedan generar una cultura en sus familias de cómo contribuir a una alimentación responsable para todos. Compañeros, detrás de esta decisión que tomamos hay familias que esperan respuestas y niños que merecen un futuro con mayores oportunidades. Tenemos muy claro que una sola ley no va a poder solucionar todos los grandes desafíos que hoy enfrentamos como país. Pero cada paso que damos para mejorar la vida de los ecuatorianos es un valor importante.
Por eso creo firmemente que más allá de nuestras diferencias, siempre podemos encontrar razones para unirnos, sumar propuestas y trabajar por el bienestar de nuestra gente. Hoy, desde este curul, quisiera dejar una reflexión muy personal. El valor de servir no se mide por el tiempo en el que ocupamos un espacio, se mide por las huellas que somos capaces de dejar en las personas. Y si alguno quisiera acompañarnos en esta misión, es que nunca perdamos la sensibilidad para escuchar, la voluntad para construir y el compromiso de seguir avanzando juntos.
Porque un país que alimenta a sus niños, protege su presente. Y un país que educa a sus niños, garantiza su futuro. Muchísimas gracias.