Abre el asambleísta Diego Salas. Señora Presidenta, colegas asambleístas, pueblo ecuatoriano, queridos hermanos orenses que nos ven y nos escuchan ante los diferentes medios de comunicación. El país sin lugar a dudas necesita modernizar su transporte aéreo, dinamizar el turismo y abaratar los costos de los pasajes. En eso, por supuesto que nadie se puede perder, pero no nos engañemos, modernizar no significa claudicar en soberanía, no significa desproteger a nuestros trabajadores ni entregar un cheque en blanco a los diferentes abusos que día a día los usuarios enfrentan en los aeropuertos.
Desde el primer debate advertí en la comisión que este proyecto de ley venía con vacíos técnicos y desequilibrios muy peligrosos. Hoy, con el texto definitivo en nuestras manos, vemos con profunda preocupación que las observaciones, que los planteamientos de los gremios, de los expertos, de la ciudadanía, no han sido acogidos. Se nos presenta hoy una ley que desregulariza, que en lugar de cuidar al país, se acomoda al beneficio de los intereses de unos pocos. Miren lo que hacen con los trabajadores ecuatorianos, en la disposición de erogatoria cuarta, borran de un plumazo una obligación legal de que las aeronaves con matrícula ecuatoriana sean comandadas por tripulantes nacionales y en el artículo 79 nos ponen un engaño, una simple priorización voluntaria.
Mientras nuestros jóvenes pilotos se endeudan con miles de dólares para formarse dentro de este ámbito, aquí abren el cabotaje sin exigir un mínimo piso de empleo local. No defendieron el talento nacional, lo dejaron a la merced de la precarización laboral. Y no solo entregan el trabajo, en los artículos 150 y 152 abren la puerta para delegar a manos privadas la navegación aérea. La OASI recomienda separar al regulador de la operación, sí, pero a través de una empresa pública estatal, como lo dice, lo menciona, lo indica la Constitución en su artículo 315.
Aquí pretende que el control del tránsito aéreo, que los radares, que las torres de control puedan ser entregadas a consorcios privados con fines de lucro. El cielo patrio es soberanía y seguridad nacional. El cielo no se puede privatizar, señores asambleístas. Y nos preguntamos a sí mismos, ¿y qué hay de los ciudadanos, de los pasajeros que hacen filas interminables? La ley guarda un silencio cómplice ante los abusos tarifarios. No garantiza el derecho, ni siquiera de viajar con una maleta de mano en cabina, sin cobros abusivos, como se exige a nivel internacional en otros países.
Peor aún, en el artículo 125 construyen una verdadera trampa legal. Si un vuelo se interrumpe o es desviado por mal tiempo o ceniza volcánica, la ley dice textualmente que la aerolínea sólo pagará el hotel y la comida, únicamente en temas imputables a la aerolínea. Es decir, si usted se queda botado a mitad de su destino por niebla, por lluvia, por mal tiempo, la aerolínea no tiene la obligación de darle ni un refrigerio ni una noche de hotel, dejando al usuario desamparado. Para colmo, atentan contra la autonomía descentralizada.
En la disposición general tercera y la transitoria sexta, intentan meter la mano a la administración y a las concesiones de los aeropuertos de Quito y Guayaquil, buscando obligar a que los aeropuertos rentables asuman y financien la red estatal quebrada en estos momentos. Esto, sin lugar a dudas, merma los ingresos locales y somete a la expansión de otras estrategias, de obras estratégicas, como el aeropuerto de Daular, que estaría predispuesto a la voluntad política, por supuesto, del Gobierno Nacional, y del centralismo ministerial que estaría a cargo del Ministerio de Infraestructura y Transporte.
Colegas asambleístas, la bancada oficialista tiene hoy los votos suficientes para aprobar esta ley sin mover una coma. Pero el país debe tener claro quién defiende a quién. Hago un llamado a la conciencia de este Pleno y, sobre todo, al pueblo ecuatoriano. No podemos permitir que, con el pretexto de modernizar, se rifen los derechos del consumidor, se precaice el trabajo de nuestros aviadores y se comprometa la soberanía de nuestro espacio aéreo. Por la defensa del trabajo nacional, por la soberanía de nuestros cielos, por los derechos de los usuarios y porque se respete la autonomía municipal.
Mi voto, y sin lugar a dudas, de nuestra bancada, será un retundo en contra a este proyecto de ley. Muchísimas gracias, señora Presidenta.